Betina puso una cara de angustia y dijo: —Se ve bastante lamentable. Hace rato me confundió con su hija; creo que debe tener algún problema. Espérenme aquí un momento, voy a preguntarle qué pasa.
Al escuchar esto, Luciana, Antonella y Viviana se quedaron atónitas mirando a Betina.
—Betina, no, parece que no está bien de la cabeza. ¿Qué tal si se pone violento? Mejor llamamos a la policía para que se lo lleven.
—Sí, yo también creo que la policía es lo más seguro.
—Ajá, ya es tarde y todavía tenemos que ir de compras. Si nos sigue... ay, de solo pensarlo me da miedo.
¿Cómo iba a dejar Betina que llamaran a la policía?
¡Si lo hacían, todo se acabaría!
Betina dijo con expresión compasiva: —Creo que solo me confundió con su hija. Iré a decirle un par de palabras y a preguntar. Si realmente se pone agresivo, entonces llamamos a la policía.
—Pero Betina, es muy peligroso que vayas así.
—No importa, no creo que tenga malas intenciones. Quizá solo extraña mucho a su hija. Espérenme aquí.
Antes de que pudieran decir más, Betina apretó los puños y caminó hacia Ulises.
Al verla acercarse, la sonrisa de Ulises se ensanchó.
Sabía que su hija biológica lo reconocería.
—Hija, soy papá.
Betina llegó frente a él, mirándolo con frialdad y con voz cargada de ira susurró: —¿Quién te dijo que vinieras a buscarme?

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