Betina se abrazó a sí misma, con la imagen de Ulises grabada en su mente. Estaba realmente aterrorizada.
No entendía por qué Ulises la había encontrado de repente, y las palabras de sus compañeras de cuarto resonaban en su cabeza.
Si supieran que ese hombre era su padre biológico, no podía ni imaginar con qué ojos la mirarían.
Luciana y las otras, al ver que Betina estaba tan asustada que no podía hablar, se preocuparon.
—Betina, ¿estás bien? Estás muy pálida, ¿quieres ir al médico?
Antonella también notó que la palidez de Betina no era normal. —Sí, Betina, ¿te sientes mal? Te ves enferma.
Betina por fin reaccionó. A pesar del calor del verano, sentía las manos entumidas y un frío raro en todo el cuerpo.
—Estoy bien, perdón por preocuparlas.
La repentina aparición de Ulises frente a ella y sus compañeras la había impactado.
Lo que menos esperaba era que su padre biológico tuviera un aspecto tan deplorable.
Menos mal que sus compañeras no descubrieron que ella no era la verdadera hija de la familia Reyes. De lo contrario, ¿cómo podría seguir en la Universidad La Concordia?
Al ver que Betina se recuperaba, las chicas suspiraron aliviadas.
—Qué bueno que estás bien, nos diste un susto. Deberíamos haber llamado a la policía para que se llevaran a ese tipo al psiquiátrico en lugar de dejarlo suelto asustando gente.
—Sí, nuestra Betina es la hija del hombre más rico, y él sale con que es su papá. Definitivamente es un loco.
—Seguro tiene alucinaciones, o tal vez... ¿su hija murió? ¿Quedó traumado y por eso le dice «hija» a cualquiera que se le parece?
Mientras ellas especulaban, Betina soltó un suspiro pesado. —Se hace tarde, vamos a cenar rápido, que todavía tenemos que comprar cosas.

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