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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 723

Isidora y su equipo habían ido a la cabeza todo el camino; sus misiones parecían sospechosamente sencillas, como si alguien les estuviera abriendo el camino a propósito.

Almendra los miró de reojo. —Primero armemos el rompecabezas y busquemos la pista.

El rompecabezas de alta dificultad tenía más de doscientas piezas, mientras que el de Isidora tenía poco más de cien. ¡La diferencia era indignante!

—Ya llevan una quinta parte armada —comentó Agustín.

El equipo de Isidora era rápido, como si ya hubieran memorizado la imagen.

Almendra comenzó a mover las manos y ordenó: —Pongan todas las piezas boca arriba, yo las armo.

Los tres obedecieron de inmediato.

Los dos bandos, cinco contra cuatro, estaban inclinados sobre las mesas, moviéndose a toda velocidad para conseguir la pista.

Las manos de Almendra volaban. Le bastaba un vistazo a las piezas para encontrar de inmediato el lugar exacto de cada una.

—¡Almendra, eres una diosa! —exclamó Aurora, incrédula.

Después de todo lo vivido, Aurora estaba a punto de ponerle un altar a Almendra. Era increíblemente fuerte, capaz de todo. Esos niveles parecían un juego de niños para ella; si no fuera porque ellos la retrasaban, habría llegado a la meta hace mucho.

Isidora no subestimaba a Almendra, pero jamás imaginó que, teniendo un rompecabezas de más de doscientas piezas, ¡terminarían antes que ellos!

—¡No mames! ¡Ya acabaron! —Uno de los compañeros de Isidora casi saltó del susto al ver a Almendra buscando la pista en el rompecabezas completo.

Isidora sintió un nudo en el estómago, pero mantuvo la calma: —¡Rápido!

Almendra escaneó la imagen completa y pronto encontró una serie de letras ocultas.

*Sureste Escalada*

Curvó los labios en una sonrisa leve. —Vámonos.

Al ver que Almendra se llevaba a su equipo, Isidora se desesperó: —¡Inútiles! ¡León, ven conmigo, adelántate!

Isidora no podía permitirse perder. ¡Bajo ninguna circunstancia Almendra podía tomar esa bandera!

Almendra llegó y, sin decir palabra, tomó el arnés. En realidad no lo necesitaba, pero eran las reglas.

León llegó corriendo, agarró un arnés y se lo empezó a poner.

Pero antes de que él pudiera asegurarlo, Almendra ya estaba subiendo, usando manos y pies con destreza.

El soldado gritó: —¡Cuidado! ¡La seguridad es primero!

Por dentro pensaba: «¿Las chicas de ahora son tan fuertes? Apenas es el tercer día, ¿y ya está aquí?».

León siguió a Almendra, pero ella era demasiado rápida. Su mirada se volvió despiadada, aceleró hasta alcanzarla, estiró la mano y le agarró el tobillo, ¡jalándola con fuerza hacia abajo!

No le importaba violar las reglas o que ambos cayeran; ¡Almendra no iba a obtener el primer lugar!

Agustín, Aurora y Natalia llegaron justo para ver a León jalando el tobillo de Almendra con saña. El corazón se les subió a la garganta.

—¡Almendra, cuidado!

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