El corazón de Rosa dio un vuelco.
Era cierto que había mandado a Leopardo a secuestrar a esa estudiante, Almendra, ¡pero no le dijo que se metiera con Fabián!
En ese momento, el sonido urgente de las sirenas rompió el silencio, y las luces rojas y azules iluminaron la noche de forma llamativa.
Esto puso nerviosa no solo a Rosa, sino también a Isidora.
¿Qué pasaba?
¿Por qué venía la policía?
Pronto, un equipo de fuerzas especiales bajó de los vehículos y rodeó la entrada. Detrás del escuadrón, aparecieron dos figuras.
Kevin y Almendra.
Al ver a Almendra llegar con la policía, Isidora abrió los ojos desmesuradamente.
—¡Almendra!
Rosa también vio a Almendra. No esperaba que la chica tuviera una presencia aún más impactante en persona que en internet.
¡Una estudiante pobre de 18 años con un aura tan imponente!
—Oficial, son ellas. Contrataron gente para secuestrarme y obligarme a cargar con la culpa de Isidora.
Almendra miró a Isidora con una expresión fría y altiva, como si mirara a un muerto.
Isidora perdió los estribos y gritó furiosa:
—¡Almendra! ¡No digas calumnias!
Al mismo tiempo, su mente era un torbellino de dudas y miedo: ¿Por qué Fabián defendía a Almendra? ¿Qué relación tenían?
Almendra levantó ligeramente la barbilla, señalando hacia Leopardo.
—Aquí está el hombre. ¿Todavía quieren negarlo?
Rosa apretó los dientes y lanzó una mirada asesina a Leopardo, deseando poder matarlo allí mismo.
¡Inútil! No solo no hizo el trabajo, sino que le trajo tremendo problema a casa.
¿Querían arruinarla?
Kevin dio un paso al frente y mostró su placa.
—Señora Vargas, señorita Vargas, son sospechosas de un caso de intento de secuestro. Por favor, acompáñennos a la comisaría.
Rosa no conocía a Kevin, y al escuchar sus palabras, sacó el pecho con arrogancia.


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