—¡Cállate la boca! —rugió Rosa, furiosa.
El ascenso de Santiago era inminente y les había advertido una y otra vez que no causaran problemas. El asunto de esta noche ya era demasiado grande; no podían arrastrar a Santiago al fango bajo ningún concepto.
Rosa miró a la multitud frente a ella y finalmente fijó su vista en Almendra.
¡Todo esto era por culpa de esa tal Almendra!
Hasta ahora se daba cuenta de que todo lo que Fabián estaba haciendo parecía ser para ayudar a esa chica.
—¿Qué relación tienes con Fabián? ¿Por qué te ayuda?
El nombre de Almendra nunca se había escuchado en la alta sociedad de La Concordia hasta este verano, cuando obtuvo la etiqueta de ser la estudiante con puntaje perfecto a nivel nacional.
¿Cómo era que una universitaria de pueblo se había relacionado con alguien del calibre de Fabián?
Almendra la miró con altivez.
—No tienes derecho a saberlo.
Por ahora no tenía intención de revelar su identidad como la verdadera hija de la familia Reyes. El día que lo hiciera, entenderían naturalmente su relación con Fabián.
En realidad, Fabián tenía muchas ganas de que Almendra les dijera a todos que él era su prometido.
¡Todo era culpa de esas alimañas venenosas que se arrastraban en las sombras!
Parecía que tendría que encargarse de ellas muy pronto.
Kevin volvió a hablar:
—Señora Vargas, por favor.
Rosa apretó los puños, desviando la mirada nerviosamente hacia la entrada principal, pero seguía sin ver ni rastro de Kian.
—Puedo ir con ustedes a la comisaría, ¡pero esperaré a que regrese mi esposo antes de irme!
—Si quiere que el señor Vargas los acompañe también a la comisaría, no tenemos objeción —dijo Kevin con tono oficial.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada