—¡Su reputación arruinada es obra de ustedes mismos! ¡Les dije que si esa Almendra ganaba el primer lugar, dejaran de hacer alboroto! ¡Pero no escucharon! ¿Tenían que ir a provocarla?
Santiago se pellizcó el puente de la nariz con frustración, sin ganas de seguir hablando con Kian.
—Santiago, tampoco esperábamos que ella...
—¡Hay muchas cosas que ustedes no esperaban!
El grito furioso de Santiago y la autoridad que despedía dejaron a Kian casi sin aliento.
—Pero tu hermana e Isidora...
—¡Ya que son tan buenas para armar líos, que se queden una temporada adentro reflexionando sobre sus errores! De lo demás hablaremos después de mi ascenso.
Santiago se sentó en el sofá, cerró los ojos y se masajeó la sien, indicando claramente que no quería hablar más.
Su ascenso era inminente y varias facciones lo vigilaban. Les había advertido una y otra vez que no le causaran problemas, ¡pero no hicieron caso!
En ese momento, el ayudante Lázaro entró con el rostro serio.
—¡General!
Santiago abrió los ojos y miró a Lázaro.
—¿Qué pasa?
Lázaro lanzó una mirada a Kian y dijo con voz grave:
—Llamaron del cuartel general. Dicen que hay un caso en el Sector 1 de la policía... relacionado con usted. Necesitan que... colabore con la investigación.
Al escuchar esto, la ira de Santiago estalló. Agarró la taza de té que tenía enfrente y la estrelló violentamente a los pies de Kian.
—¡Esto es lo que han logrado! ¡Imbéciles!
***
Familia Reyes.
Después de cenar, como ya era tarde, Fabián no se quedó mucho tiempo y se despidió.
Almendra lo acompañó personalmente hasta la puerta.
Fabián le tomó la mano, reacio a soltarla.
Desde que Almendra regresó, no había hecho más que dar por la familia. Aunque ellos la querían, pocas veces habían podido ayudarla realmente.
Era vergonzoso.
—No es culpa de ustedes. Además, no soy tan frágil como creen. Tranquilos.
—Alme, eres demasiado madura. ¿Cómo va a compararse esa Isidora contigo?
—Así es, ¡nuestra Alme es la mejor!
Frida y Simón no paraban de elogiar a Almendra, y la cara de Betina se ponía cada vez peor.
Ella también había ganado el primer lugar en el entrenamiento de novatos, ¿por qué sus papás no la felicitaban más a ella?
Solo sabían alabar a Almendra. ¡Era demasiado injusto!
Liliana no pudo evitar intervenir:
—Es cierto, señores. En el entrenamiento de inicio de curso, la señorita Almendra ganó el primer lugar en la Universidad Médica La Concordia, y la señorita Betina también ganó el primer lugar en la Universidad La Concordia. La casa tiene dos primeros lugares; es un honor que cualquiera envidiaría.

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