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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 760

Al escuchar esto, Rebeca entró en pánico.

Miró a Benicio: —Mi amor, ¿de qué está hablando? ¿Cómo que de repente tenemos dos demandas encima?

Benicio, furioso, se volvió hacia ella y le gritó: —¡Eres una estúpida! ¡Por culpa de ustedes hoy me van a arruinar!

Como había dos oficiales de policía presentes, por más palancas que Benicio tuviera en La Concordia, si la autoridad le exigía ir a la comisaría a declarar, no le quedaba de otra que obedecer.

¡Esa mujer y su hijo de verdad iban a ser su perdición!

Desde el momento en que Almendra vio llegar a Rebeca, notó que la ropa que traía puesta era pirata.

Muchos talleres clandestinos solían copiar los diseños de CASA ALMA. Sin embargo, al recibir denuncias o descubrirlos ellos mismos, iniciaban procesos legales. Con el tiempo, se corrió la voz de que CASA ALMA no se andaba con juegos contra la piratería, y los fabricantes dejaron de atreverse a copiarlos.

Pero Textil Velox S.A. era diferente. Antes, a la empresa no le iba bien y a nadie le importaba si los plagiaban o no.

Ahora, el nombre de Textil Velox S.A. era conocido por todos. En los últimos dos meses, las ventas se habían disparado a una velocidad aterradora y los pedidos estaban a reventar.

Por eso, algunos fabricantes oportunistas habían vuelto a las andadas con las copias.

Almendra había estado tan ocupada últimamente que no había tenido tiempo de ocuparse de esos plagios, pero hoy Rebeca se le había puesto de pechito. Ahora no tenía más remedio que actuar.

Al principio, Álvaro se había puesto muy gallito, creyendo que Almendra no era más que una muerta de hambre que andaba en una bicicleta vieja. Pero cuando ella reveló su identidad a raíz del asunto del plagio, todos se quedaron helados.

—¿La directora general de Textil Velox S.A.? —Benicio miró a Almendra, incrédulo.

Rebeca seguía sin poder creerlo: —Viejo, es imposible que sea la directora de Textil Velox. Salió de Atlamaya; su familia biológica no tiene ni en qué caerse muerta. ¡Seguro nos está chamaqueando!

—¡Cállate la boca! —Benicio respiraba con dificultad. Miró a Almendra—: ¿Usted es... es la maestra Alma?

Almendra asintió levemente: —Soy yo.

Al oír eso, Benicio sintió que las fuerzas lo abandonaban.

«Ya valió», pensó. Esta vez sí habían topado con pared.

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