@riendose: [¡Por fin alguien hace algo! Hay maestros que no tienen ética, insultan y humillan a los alumnos por cualquier cosita, incluso usan castigos físicos sin importarles el daño psicológico. ¿Cómo pueden llamarse educadores? Son unos monstruos disfrazados].
@con_miguel: [Ojalá premien a los buenos maestros y a los que no sirven les quiten la cédula profesional. ¡Que no sigan dañando a las futuras generaciones!].
Con todo este revuelo armado por Almendra, los corruptos del sistema educativo empezaron a temblar.
Ahí venía de nuevo el Departamento de Inspección a poner orden.
A las siete de la noche, Almendra y Fabián salieron de la escuela, dejando a Fausto e Izan trabajando.
En el coche, Fabián le pasó un vaso térmico con café recién hecho:
—Toma algo y descansa. Cenamos y te llevo a tu casa.
Almendra estaba agotada, pero no podía dormir, solo le pesaban los ojos.
—Tengo que regresar a la universidad esta noche, primero vamos por mi equipaje.
Al ver que ella se masajeaba las sienes después de beber, Fabián, con toda delicadeza, le indicó que se recostara en su regazo para darle un masaje.
Almendra asintió levemente:
—Tienes buena técnica.
Fabián sonrió:
—¿Si sabes que te cansas, para qué te echas tanto trabajo encima?
No entendía cómo ese cuerpo tan pequeño podía con tantas responsabilidades.
Almendra murmuró:
—Me obligaron a tomar el puesto, no tuve opción.
Por eso casi no iba a la oficina. Solo aparecía cuando era necesario.
Fabián no preguntó quiénes eran «ellos». Ya tendría tiempo para conocer todo sobre ella.
En la mansión Reyes, Betina Reyes estaba cocinando otra vez junto al chef. Al ver sus dedos con ampollas por las quemaduras, el corazón de Frida Tapia se ablandó.

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