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Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 805

Sus padres y el abuelo no querían hacerle el feo a Betina, así que allá ellos si querían comer eso.

Betina escuchaba las llamadas a un lado. Al oír que ni Cristian ni Marcelo volverían, su rostro se ensombreció.

En ese momento, se oyó la voz de la empleada doméstica:

—Señorita Almendra, señor Fabián.

Frida puso cara de sorpresa. Su hija había vuelto.

—Alme, Fabián, llegaron. Betina justo preparó la cena.

Almendra y Fabián habían planeado comer en casa antes de irse a la universidad, pero al ver que Betina estaba haciendo su show en la cocina, cambiaron de opinión.

Mejor no.

—Má, tengo prisa para llegar a la uni, todavía no hago la maleta. No voy a cenar aquí.

—¿Ah?

Fabián intervino:

—Señora Frida, ya reservé en un restaurante cerca de la universidad de Alme. La llevaré a cenar allá y luego la dejaré en su dormitorio.

—Oh…

Betina parpadeó inocentemente y miró a Fabián y a Almendra con cara de perrito atropellado.

—Hermana, yo… yo también voy a la escuela. ¿Podrían darme un aventón?

Antes de que Almendra hablara, Fabián dijo con cara inexpresiva:

—No. Tenemos cosas que hacer.

Betina apretó el borde de su ropa y bajó la mirada, decepcionada.

Frida sonrió:

—No te preocupes, Betina, el chofer te llevará en un rato.

Betina forzó una sonrisa y miró a Frida con un toque de victimismo:

—Está bien, mamá.

Almendra subió por su equipaje y se fue con Fabián. Betina miró la mesa llena de platos en los que había trabajado toda la tarde y clavó las uñas en sus palmas.

Frida la consoló:

—No pasa nada, tu papá ya va a llegar. Comeremos con tu abuelo.

Betina asintió sonriendo:

—Sí.

***

—¿Qué ves? —preguntó Fabián al notar que ella no dejaba de mirar por la ventana.

—A Ulises.

Fabián entrecerró los ojos:

—¿Él?

—Sí… seguramente vino a buscar a Susana Farías.

Almendra no se equivocaba. Ulises había ido a buscar a Susana porque se había quedado sin dinero. Como no encontró a Betina, fue tras Susana.

Susana sabía qué clase de basura era él y no le dio ni un peso. Ulises se fue con las manos vacías, no sin antes darle un par de cachetadas para desquitarse. Al salir, hizo una llamada:

—Saulo, tengo una chica de muy buen ver, dieciocho años. ¿Cuándo tiene tiempo para que se la lleve?

No se oyó la respuesta, pero Ulises soltó una risa macabra:

—Eso, eso, perfecto.

***

Fabián se despidió a regañadientes. Almendra llevó su maleta al dormitorio y, antes de entrar, escuchó a Aurora y Natalia platicando.

—¡El hombre más rico se lució! Ya instalaron la lavadora y la secadora. ¡Qué nivel, tiene muchísimo dinero!

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