—Si realmente quieres intentarlo con él, tu madre y yo no nos oponemos —concluyó Simón.
Frida también sonrió.
—Claro, Betina. Queremos que encuentres a alguien con quien puedas compartir tu vida. Algún día tráelo a casa para que nos conozcamos formalmente, ¿te parece?
Betina sabía que no se opondrían. Después de todo, mientras ella tuviera novio, dejaría de pelear con Almendra por Fabián. ¡Sus corazones siempre se inclinaban hacia su hija biológica!
—Está bien, papás. Como todavía no le he dado el sí oficial, esta semana es muy pronto, pero la próxima lo traeré a comer.
Simón asintió.
—Muy bien, Betina. Tu madre y yo te deseamos lo mejor de todo corazón.
Betina pensó que Simón y Frida eran unos hipócritas. ¿De todo corazón? Ja. Seguro estaban saltando de alegría por dentro.
—Gracias. Voy a contarle al abuelo, no quiero que se siga preocupando por mí.
Frida y Simón asintieron al unísono.
—Ve, a tu abuelo le dará gusto.
Yago estaba leyendo un libro antiguo en su despacho. Al ver a Betina, dejó sus lentes sobre la mesa y la miró con cariño.
—¿No habías salido con tus amigas? Regresaste temprano.
Al ver al anciano, el resentimiento en el fondo del corazón de Betina brotó de repente. No sabía qué tan real era el cariño del abuelo ahora, pero en el pasado, él había sido quien más la consentía.
—Abuelo, ¿sigues enojado conmigo?
Se acercó a él como una niña que ha hecho una travesura, con mirada lastimera. El anciano suspiró levemente.
—¿Ya te diste cuenta de tu error?
Betina asintió.
—Sé que me equivoqué, fueron los celos los que me cegaron y lastimé a mi hermana. ¡Te juro que no volverá a pasar!
—Mateo, de los Pizarro, me ha estado pretendiendo. Quiero intentar salir con él.
El abuelo frunció el ceño de inmediato.
—¿Te gusta?
—Un poquito —dijo ella.
—Solo "un poquito" no es suficiente para intentarlo.
Al escuchar esto, Betina se sintió extrañamente feliz. Parecía que el abuelo todavía la quería de verdad y le importaban sus sentimientos. No como sus padres, que apenas dijo que quería salir con Mateo, levantaron las manos a favor, como si quisieran casarla y sacarla de la casa lo antes posible.
—¿Crees que no es lo suficientemente bueno? —preguntó Betina.
El abuelo negó con la cabeza.
—Lo que yo sienta no importa, eres tú quien estará con él. Si no estás segura de que te gusta, ¿no te estarías haciendo un mal a ti misma?

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