Betina guardó silencio por un momento antes de mirar al anciano y decir:
—Abuelo, la verdad es que Mateo me ha gustado en secreto desde la secundaria. En ese entonces, como tenía el compromiso con la familia Ortega, nunca le di pie a nada. Pero en todos estos años él no se ha rendido. Ahora que ya no tengo nada que ver con los Ortega y viendo que él es sincero, quiero darle una oportunidad.
Con Frida y Simón había jurado que le gustaba Mateo, pero con el abuelo cambió la narrativa inconscientemente para hacerse la víctima. Quería que Yago pensara que buscaba consuelo en Mateo porque los Ortega la habían despreciado, lo cual haría que el anciano sintiera más culpa hacia ella.
—Betina… lo tuyo con la familia Ortega fue una jugarreta del destino, nadie pudo cambiarlo. Pero ahora eres libre. Tienes apenas 18 años y muchas opciones. No me opongo a que tengas novio, solo quiero que encuentres a alguien que realmente te guste y que te quiera de verdad, alguien a quien puedas confiarle tu vida.
Betina, con los ojos llorosos, se acercó y abrazó suavemente el brazo del abuelo.
—Gracias, abuelo. Pero… no quiero perder a alguien que es tan bueno conmigo. Por eso me armé de valor para intentarlo, para ver si vale la pena.
El abuelo guardó silencio un momento.
—¿De verdad estás decidida?
Betina asintió con fuerza.
—¡Sí!
Al ver su determinación, Yago asintió.
—Está bien, Betina. Si quieres probar, adelante. Vean si se llevan bien y si él es sincero. Pero… como mujer, debes aprender a protegerte.
—Sí, pierde cuidado, abuelo.


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