Almendra soltó una risa:
—No la olvido. Solo procura no echarte para atrás.
¡Martina sintió que le iba a dar un infarto ahí mismo!
¿Que ella se iba a echar para atrás?
Jaja...
¡Vaya que Almendra tenía la boca grande!
—Bien, Almendra. ¡Espero verte entre los tres primeros!
No era que Martina menospreciara a Almendra, pero Elvira venía de una familia de médicos y en la Universidad Médica había muchos talentos que habían tenido contacto con la medicina desde pequeños.
Almendra solo había sacado un puntaje perfecto en el examen nacional y ya se creía invencible.
¿De qué servía saber pura teoría?
La Universidad La Concordia tenía muchas sedes para el concurso. Los estudiantes se dispersaron como en un examen, buscando sus lugares y esperando el inicio.
Almendra se sentó con el grupo de la Universidad Médica. Justo al lado estaba la facultad de medicina de La Concordia, y otras facultades de prestigio ya estaban en sus lugares.
Elvira ya había notado a Almendra. Hoy estaba decidida a humillarla y obligarla a disculparse delante de ella.
—Almendra, ¿te atreves a hacer una apuesta conmigo?
Elvira se acercó con aire de superioridad al asiento de Almendra. A Almendra no le gustaban las multitudes, así que eligió un lugar junto al pasillo, al lado de Natalia y Aurora.
Faltaban diez minutos para el inicio, así que estaba recargada perezosamente en el hombro de Natalia, con los ojos cerrados.
Escuchó la voz de Elvira, pero no quiso responder.
Elvira pensó que Almendra tenía miedo y se rio:
—Almendra, sé que te haces la dormida. ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ¿No te atreves a apostar?
—¡Nuestra Almendra no te tiene miedo! —resopló Aurora.
Elvira, que ya traía coraje acumulado, escuchó a Aurora y soltó con burla:
—¿Ahora te defienden tus mascotas? ¡Vaya que saben ser lambiscones!
—¡Elvira, ten más respeto! —Almendra abrió los ojos de golpe, con una mirada gélida.
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