¡Bum!
¡El lugar estalló!
¿Habían escuchado bien?
¿Almendra dijo que quien perdiera debía salirse de medicina?
¿Qué significaba eso?
Significaba no volver a tener relación con la medicina en toda su vida; en pocas palabras, cambiar de carrera.
Elvira venía de una familia de médicos, era un genio desde pequeña. Si dejaba la medicina para estudiar otra cosa, sería peor que la muerte para ella.
¿No era demasiado cruel?
En cambio, para Almendra era diferente; era una novata en medicina y había sacado puntaje perfecto en todo, así que cambiarse de carrera no sería tan grave.
De pronto, todos pensaron que Almendra era malvada.
Elvira sintió que era un chiste.
—Almendra, sigues sin saber cuál es tu lugar. ¿Crees que porque la Universidad Médica te protege puedes hacer lo que quieras?
—¿Te atreves o no? —preguntó Almendra directamente.
Elvira tenía una mirada venenosa y apretó los dientes:
—¡Acepto! ¿Crees que te tengo miedo? Pero si haces trampa, ¡te largas de La Concordia y no vuelves a poner un pie aquí en tu vida!
La multitud se sorprendió de nuevo; Elvira tampoco era una santa.
Prohibirle a Almendra pisar La Concordia significaba tirar a la basura años de estudio.
Su puntaje perfecto no serviría de nada.
¿No estaban jugando demasiado rudo?
Todos entraron en pánico por ellas.
—¿Qué pasa, Almendra? ¿Miedo? Si tienes miedo...
El otro era Leonardo Valdez, profesor y médico del Hospital del Sagrado Corazón de La Concordia.
Cuando Almendra y Gilberto operaron a Katia Corral tiempo atrás, Leonardo había sido el contacto.
Leonardo aún no veía a Almendra, pero al escuchar que una estudiante apostaba así con Elvira, suspiró:
—Elvira ya puede realizar una cirugía por su cuenta. La estudiante que apostó con ella se confió demasiado.
De los otros tres jueces, dos eran profesores de la Universidad La Concordia y uno era Amadeo, profesor de la Universidad Médica.
Amadeo había oído hablar de Almendra. Sabía que después de ganar el primer lugar en el entrenamiento militar, casi no había asistido a clases, ni siquiera a sus prácticas.
Le parecía que esa jovencita era arrogante y no tomaba la medicina en serio. Con esa actitud, ¿cómo podría ser una buena doctora?
Ahora, al escuchar la apuesta, sintió que Almendra era una irresponsable que no conocía sus límites.
Cuando Leonardo terminó de hablar, Amadeo dijo molesto:
—Elvira iba a ser alumna nuestra, pero se cambió a La Concordia. Con su nivel, tiene el primer lugar asegurado. ¡Nuestra Universidad Médica va a quedar en ridículo esta vez!

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