Algunas instituciones académicas de élite usan la clasificación A++ para indicar que una tesis o respuesta está en un nivel superior, una liga propia inalcanzable para el estándar común.
Pero… ¿Almendra? ¿Esa novata en medicina obteniendo una evaluación A++?
¿Cómo era posible?
—¡Imposible! ¡Definitivamente es un error!
Elvira, que hace un momento rebosaba arrogancia, ahora tenía la cara descompuesta.
Y no solo ella; los estudiantes y hasta los jueces en el estrado tenían cara de duda.
Excepto Gabriel.
Gabriel ya sabía que Almendra era la mismísima «Doctora Santos».
Si no supiera su identidad secreta, probablemente estaría igual de escéptico que los demás.
Al ver las caras de shock de la gente, recordaba su propia reacción cuando descubrió la verdad.
Ahora, más que duda, tenía una enorme curiosidad por ver qué había respondido ella.
—Esto… ¿esto cómo va a ser? —Amadeo no daba crédito.
Miró con sospecha a los dos profesores de la Universidad La Concordia.
—Profesor Benjamín, profesor Conrado, ¿no será que su sistema de calificación está fallando?
Si Almendra fuera tan brillante, ¿cómo es que él no lo sabía? Ni él, ni nadie en su propia universidad tenía idea de que ella tuviera ese nivel.
Así que la única explicación lógica era que la computadora se había vuelto loca.
Benjamín y Conrado balbucearon, sin saber qué decir.
—Este… puede ser. Digo, es posible que el sistema haya tenido un error técnico.
Ellos tampoco creían que Almendra pudiera sacar una A++. Elvira era la genio reconocida, miembro de la Asociación Médica Internacional.
Si Elvira no sacó A++, ¿cómo iba a sacarlo Almendra?
Era inconcebible.
Gabriel soltó una risita seca:
—No han leído la respuesta, ¿cómo saben que es un error? ¿Y si Almendra resulta ser un genio médico superior a Elvira?
—¿Pero es eso posible? —Amadeo seguía incrédulo.
No es que no confiara en su alumna, es que simplemente no cuadraba con la realidad que conocía.


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