Ante las palabras de Gabriel, los demás guardaron silencio.
Una vez que se cargaron todas las calificaciones, las respuestas clasificadas aparecieron en las tabletas de los cinco jueces.
Amadeo tenía miedo de ver la calificación de Almendra; extendió el dedo para abrir el archivo, pero se arrepintió y abrió el de Elvira mejor.
Temía que le diera un infarto si veía que lo de Almendra era una tontería.
Seguía convencido de que era un error del sistema.
Benjamín y Conrado, por instinto, quisieron ver qué había puesto Almendra, pero luego pensaron que seguro era basura comparada con la de su protegida, así que abrieron el archivo de Elvira.
En cambio, Leonardo tenía demasiada curiosidad. Ignoró todo lo demás y abrió directamente la respuesta de Almendra.
¡Al ver la respuesta, tan breve y contundente, se quedó de piedra!
Gabriel, igual de impaciente, leyó la respuesta de Almendra y sintió una oleada de euforia.
Mientras tanto, Benjamín y Conrado leían la tesis de Elvira, sonriendo cada vez más, asintiendo ante sus argumentos.
—Es digna de ser la genio de la Universidad La Concordia. Qué visión tan aguda para su edad. Con el tiempo, logrará implementar este plan y será un aporte monumental a la medicina.
—Así es. Elvira supera nuestras expectativas. Esto confirma que la familia Sandoval está investigando seriamente cómo reducir la mortalidad por cáncer.
Amadeo, al leer el trabajo de Elvira, también quedó impresionado.
—Reducir la mortalidad un cinco por ciento en diez años… digno de una familia de médicos.
La tasa de mortalidad actual era altísima. Un cinco por ciento en una década, diez por ciento en dos… eso salvaría a miles de familias destrozadas.
—Magnífico —murmuró Amadeo, conmovido.
Sintió que el primer lugar, indudablemente, era para Elvira.



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