Entrar Via

Los Secretos de la Hija Recuperada romance Capítulo 934

Elvira tenía el rostro pálido como el papel, clavando la mirada en Almendra con un odio profundo.

—Tú... tienes maestro desde los cinco años y ocultaste tu identidad para engañarnos a todos. ¡Esta apuesta no cuenta!

Elvira sentía el cuerpo rígido y helado.

Almendra soltó una risa fría y significativa:

—¿Y tú no empezaste a estudiar medicina desde niña? Además, ¿en qué los engañé? Ustedes fueron los que decidieron no creerme. ¿Ahora me echas la culpa?

Los presentes se sintieron avergonzados al escuchar a Almendra.

Era cierto. Sin importar lo que Almendra dijera o hiciera, ellos no le creían y solo la cuestionaban.

Ahora que la realidad les había dado una cachetada con guante blanco, ¿por qué Elvira seguía buscando excusas?

¿Tan difícil era admitir que alguien era mejor que ella?

Gabriel no pudo seguir viendo aquello.

—Elvira, hay que saber perder.

Leonardo también negó con la cabeza:

—Elvira, para empezar, no debiste ser tan impulsiva.

Almendra se cruzó de brazos, mirando a Elvira, que estaba al borde del llanto:

—¿No sabes perder?

Elvira la fulminó con la mirada.

—Si no sabes perder, díselo a todos. Di: «Yo, Elvira, soy una mala perdedora, no tengo palabra y me retracto». Si lo haces, tendré piedad y lo dejaré pasar. —Almendra sonrió con arrogancia.

Elvira apretó los puños con tanta fuerza que se le marcaron las venas.

¡Almendra la estaba humillando descaradamente frente a todos los profesores y alumnos!

Si decía públicamente que no tenía palabra, ¿con qué cara vería a la gente después?

¿Quién querría relacionarse con ella o confiar en su integridad?

¡Incluso convertiría a toda la familia Sandoval en el hazmerreír!

Pero...

Si cumplía su promesa y, frente a todos, se disculpaba con Almendra y la reconocía como la ganadora...

¿No sería igualmente un chiste para todo el mundo?

Elvira se quedó inmóvil.

Como la competencia había terminado, los profesores y alumnos de las distintas escuelas comenzaban a retirarse ordenadamente.

Aunque nadie quería irse por el chisme, el equipo de seguridad empezó a desalojar el área, así que no tenían opción.

Almendra sabía perfectamente lo que Elvira planeaba: esperar a que todos se fueran para disculparse sin público.

Le daba igual.

Si quería perder el tiempo, ella tenía de sobra.

—Por cierto, no sé si a Elvira le interesa alguna otra carrera aparte de medicina.

Al escuchar esto, Elvira palideció aún más.

La condición de no volver a estudiar medicina era para ella peor que la muerte.

—¡Almendra! Ocultaste tu nivel a propósito para tenderme una trampa, ¿verdad?

—Tú fuiste la que se puso de pechito, ¿yo qué culpa tengo? —bufó Almendra.

En ese momento, alguien llegó corriendo, casi sin aliento. Era un profesor de la Universidad La Concordia, del departamento de matemáticas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Los Secretos de la Hija Recuperada