¡Almendra!
¿Por qué no se moría de una vez?
Las competencias de la mañana terminaron.
Por la tarde había más eventos.
Almendra no tenía interés y pensaba irse a casa a dormir, pero Eva Corral, tan pegajosa como siempre, insistió en comer juntas.
Todavía dentro de la Universidad La Concordia, antes de encontrarse con Eva, alguien le bloqueó el paso.
—¿Tú eres Almendra?
Quien le cerraba el camino era un grupo de chicos que parecían una pandilla de vagos.
Almendra entrecerró los ojos, emanando frialdad, e intentó rodearlos sin hacerles caso.
El líder del grupo volvió a bloquearla, mirándola con malas intenciones:
—Oí que sacaste el primer lugar en medicina y resolviste el problema que los de matemáticas no pudieron, ¿eh?
—¡Quítense! —soltó Almendra con frialdad.
—Uy, qué carácter tiene la niña. ¿Sabes con quién estás hablando?
—Sí, ¿te atreves a meterte con Osiel? ¿Ya no quieres vivir tranquila en La Concordia?
Los lacayos empezaron a alborotar.
Almendra bufó:
—Me valen madre.
—Tú... tú, tú...
Los chicos parecían sorprendidos por la audacia y la lengua afilada de Almendra; se quedaron sin palabras.
—¿Yo qué? Les sugiero que regresen al kínder a aprender a hablar como gente decente.
Se quedaron pasmados de nuevo.
Era la primera vez que veían a una chica tan insolente y sin miedo a morir.
—¡Eres una descarada! ¡Nuestro Osiel viene de una familia militar! ¡Si lo ofendes, estás muerta! —uno de los chicos la señaló amenazadoramente.
Almendra miró con burla al tal Osiel.
Osiel Huerta pensó que Almendra por fin tendría miedo, se cruzó de brazos y resopló:
—¡Si te disculpas ahora mismo, podría dejarlo pasar!
Y aunque todavía no se comprometía oficialmente con Isidora, hoy venía a defenderla.
Esta tal Almendra era detestable; había intimidado a su Isidora una y otra vez.
Almendra alzó una ceja: —Entonces, ¿Isidora te mandó?
Osiel resopló: —Eso no te importa. Escuché que eres muy buena. ¿Te atreves a competir contra mí?
—No me interesa.
—¿Te da miedo? —Osiel no pensaba dejarla ir tan fácil.
Le había prometido a Isidora que hoy haría que Almendra mordiera el polvo y quedara como una perdedora.
Debido al enfrentamiento, muchos estudiantes se habían reunido para ver el chisme.
—¿Esa no es Almendra?
—Sí, y aquel es Osiel de la familia Huerta, el pequeño tirano de sistemas de la Universidad La Concordia.
—Dicen que Osiel es un genio de la computación desde niño y que ya ha hecho trabajos para el gobierno. ¿Quiere retar a Almendra?
—Supongo, pero Almendra es de medicina. Aunque sea buena en matemáticas, ¿cómo le va a ganar a Osiel en computación?

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