Almendra soltó un bufido y siguió caminando.
Silvia estaba fuera de sí:
—¡Almendra, no te vayas! ¡Te reto a un duelo!
Almendra ni volteó:
—No me interesa.
Silvia casi explota de la rabia e intentó perseguirla, pero Laura la detuvo.
—Silvia, déjalo así.
—¡Laura! ¡La cachetada me la dio a mí, no a ti! ¡Qué fácil es decir que lo deje!
Laura frunció el ceño:
—Sé que estás enojada, pero lo que dijo Almendra sonó raro. ¿Y si hay algo que no sabemos?
—¡Qué va a haber! ¡Es una prepotente! Con razón Betina sufre tanto por su culpa. ¡Es una víbora!
Apretó los puños, deseando más que nunca darle su merecido.
Originalmente, había planeado con Betina retar a Almendra a un duelo de violín. Silvia era una virtuosa, ganadora de premios nacionales, y quería usar eso para humillar a la "pueblerina" inculta frente a todos.
Pero Almendra resultó ser más altanera de lo que esperaban.
—Silvia, piénsalo. Si Almendra solo fuera una ahijada, ¿cómo tendría tantos privilegios? Además, nos mandó a preguntarle a Betina quién es la verdadera hija. ¿Qué quiso decir con eso?
Laura siempre había tenido dudas. La familia Reyes trataba a Almendra demasiado bien, le perdonaban todo. Si fuera solo una ahijada, ¿cómo permitirían que le bajara el prometido a su hija biológica?
No tenía lógica.
Pero Silvia estaba cegada por la ira y el dolor del golpe. Solo pensaba en vengarse, diez o cien veces más fuerte.
Almendra salió de la escuela y vio un auto negro de lujo estacionado en un lugar muy visible. Reconoció la matrícula al instante: era el coche de Fabián.

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