Fidel señaló tembloroso hacia el otro lado, donde estaba un hombre pelirrojo.
El tipo tenía un peinado extravagante, una cresta roja, y unos treinta y tantos años.
En ese momento, tenía la cara pegada al suelo, tratando de hacerse invisible.
Almendra arqueó una ceja y caminó hacia Renato.
Renato seguía haciéndose el muerto. Almendra le dio una patada en el trasero y dijo:
—Si sigues fingiendo, te volteo a patadas.
Renato levantó la cabeza de inmediato, con la cara llena de tierra y mostrando los dientes chuecos en una mueca de súplica:
—¡Piedad, jefa, piedad!
Almendra preguntó:
—¿Qué imbécil los mandó?
¿Mandar a estos payasos? Qué insulto.
Renato soltó el llanto:
—Jefa, solo seguimos órdenes, de verdad no sabemos quién la quiere secuestrar. Por favor, perdónenos, lo hacemos por necesidad.
Almendra entrecerró los ojos:
—Voltéate.
Renato apretó todo y negó con la cabeza frenéticamente:
—¡No me mate, tengo madre, tengo hijos...!
Almendra no estaba para dramas y levantó la pierna para patearlo otra vez, pero él gritó:
—¡No sé quién es, pero tengo su número! Es una mujer.
Almendra soltó un bufido:
—Llámenla. Que venga.
Renato vio la mirada asesina de Almendra y asintió sin dudar.
Sacó su celular y buscó el número.
—Es este.
Almendra ordenó:
—Marca.
Al escuchar a Renato, Silvia dijo con odio:
—Llévenla a algún lugar, destrócenle la cara y luego que se diviertan todos con ella.
Quería que Almendra quedara arruinada. A ver cómo seducía hombres después de eso.
¡Maldita!
¿Le gustaba andar de coqueta? Pues que la disfrutaran hasta que no quedara nada de ella.
Los ojos de Almendra destellaron peligrosamente.
Renato hizo una mueca de dolor y dijo:
—Uy, señorita, el trato era darle un susto, si quiere le rayamos la cara, pero lo otro... eso ya está muy pesado.
—¡Inútiles! ¿No son hombres? ¿A poco no les gustan las niñas bonitas? Ya la vieron, tiene cara de zorra, seguro les va a gustar.
—Señorita, de verdad no se puede. Si nos cachan, nos va la vida en ello.
—A ver, ¿cuánto quieren?
Silvia pensó que Renato solo estaba regateando el precio.
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