Renato dudó un momento y soltó:
—Traiga cinco millones en efectivo y lo platicamos.
Silvia soltó una risa despectiva:
—¿Cinco millones? Te los transfiero ahorita.
—No, eso no sirve. Esto... esto es un trabajo por fuera, si el patrón se entera nos mata. Tiene que ser efectivo, sin rastro.
Silvia lo pensó y le pareció lógico.
—Está bien. Mándame la ubicación. Un lugar escondido. ¡Quiero ir a ver personalmente cómo queda esa maldita!
Quería ir ella misma a cortarle la cara a Almendra y ver cómo esos asquerosos abusaban de ella.
Almendra la miraba con una frialdad aterradora.
Renato colgó la llamada. Silvia, emocionada, intentó llamar a Betina, pero la línea no conectaba.
—¿Se le habrá acabado la pila? —se preguntó.
Intentó un par de veces más, sin éxito.
Entonces, llamó a Laura.
Laura contestó rápido.
—Silvia.
—Laura, tengo noticias buenísimas —dijo Silvia emocionada.
Laura se sorprendió:
—¿Qué pasó?
—Secuestré a Almendra.
Laura se quedó helada:
—¿Qué?
—Muy alzada, ¿no? Muy rompehogares. ¡Pues le voy a dar una lección! ¿Me acompañas a ver cómo quedó?


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