—¡¡AAAH!! ¡¡AAAAHHHHG!!
La hembra soltó un desgarrador grito de dolor. Mientras sus manos se aferraban a las sábanas bajo ella, sus garras desgarrando la sábana blanca de la cama matrimonial.
—Respire, respire con calma, Luna. Lo hace bien… —dijo con voz ligeramente inquieta la partera, mientras asomaba su mirada entre las piernas abiertas de Ayseli—. Ya viene… Ya casi viene el cachorro…
¡El maldito dolor que sentía la hembra, era como si la partieran en pedazos! Cómo si rompieran salvajemente los huesos de su cuerpo una y otra vez.
—¡¡¡AAAAAHHH!!! ¡DUELE! ¡AAAH!
La hembra de cabello blanco, mordió su labio inferior, un hilo de sangre deslizándose al costado de su boca. Ella cerró sus ojos azules con fuerza, tratando de escuchar las indicaciones de la partera de la manada.
—¡Ahora, Luna! ¡Puje con fuerza!, usted puede, puje.
—¡¡AAAAAAHHHH!! —la hembra pujó con todas sus fuerzas, una y otra vez hasta que…
—¡WAAAAH!~ —un llanto agudo, dulce e infantil, resonó en la habitación principal de la mansión.
—¡Es una niña! —exclamó la partera con vos temblorosa mientras sostenía a la pequeña cachorrita entre sus manos—. Es una hermosa lobita pelirroja.
El corazón de Ayseli, dio un brinco de emoción. Mientras sus lágrimas caían por sus pálidas mejillas, mezclándose con el sudor de su cuerpo. Intentó extender sus brazos temblorosos, para cargar a su bebé, pero…
¡¡¡OTRO PUNZANTE DOLOR LA ATRAVESÓ!!!
—¡¡¡AAAAAAHHHHHH!!! —gritó la hembra, volviéndose a aferrar a las sábanas.
—No… no ha terminado…. —murmuró la partera, viendo con tensión la sangre sobre las sábanas, y dándole la cachorra a una de las asistentes Omegas, volvió a revisar a Ayseli—. ¡Hay más, Luna! ¡Viene otro cachorro! ¡Puje! ¡Puje con fuerza!
Ayseli obedeció, y en minutos… El segundo llanto resonaba en la habitación… Una niña más, una cachorrita.
Las Omegas caminaban de un lado a otro colocando a las gemelas en una cuna cercana, llevando mas toallas y agua a la partera… Pero… La sangre entre los muslos de la loba iba en aumento.
Cada vez era más y más sangre la que manchaba la cama como un espeso charco.
Clack~
El sonido de la puerta se escuchó. Una alta figura que la hembra volvió a ver… Pero desgraciadamente su mirada estaba borrosa, la habitación parecía dar vueltas a su alrededor.
Un alto macho vestido de tonalidades negras se acercó a ella, viéndola. Ayseli lo olió, esa aroma embriagadora como las hierbas más frescas de un profundo bosque en primavera.
Extendió su mano… Agonizante.
—A… Ayúdame… Alfa… —pidió ella, sintiendo que su vida estaba al borde del abismo.
Pero… Él se alejó, la ignoró como a un pedazo de basura, y caminó hacia la cuna donde yacían las cachorras.
—¡Alfa, Luna se desangra! ¡Ayúdela por favor! —rogó la partera entre lágrimas—. Morirá Alfa, ella morirá… Usted puede salvarla.
Sin embargo, ese macho también ignoró a la partera. Deteniéndose frente a la cuna, levantó levemente su mano, sacando sus afiladas garras.
—Ella no es mi Luna, y estas… No son mis hijas —soltó despiadadamente ese Alfa.
—¡¡ALFA, NO!! —gritó la partera.
Mientras Ayseli veía borroso en la distancia, cerca de perder el conocimiento… Sintiendo cómo la muerte la acechaba.
"No… No lo hagas. Por favor ellas no, mis bebitas no, no…"
Pensaba entre lágrimas, débil, sin poder mover un solo músculo, hasta que…
¡Las manchas de sangre salpicaron la cuna y la pared cercana!… El llanto de las gemelas paró de golpe.
…………..
—¡¡¡AAAAAAHHHHHH!!! —Ayseli soltó un grito tan fuerte que sintió su garganta doler.
La hembra volvió a ver a su alrededor, confundida.
¡¿Qué carajos pasó?!
¿Qué demonios fue eso?
¿Una pesadilla, un sueño, una visión enviada de la diosa?
—¡¡ALERTA MÁXIMA!! ¡ATACAN AL TEMPLO! ¡HUYAN A LOS REFUGIOS! ¡NOS ESTÁN ATACANDO!
"¿Atacan al templo? ¿Quién se atreve a desafiar la autoridad máxima? ¿A ir en contra de las reglas de la diosa?"
Pensó la hembra que rápidamente saltó por una de las ventanas. Cayendo en sus cuatro patas en un patio alto de piedra, más allá, vio el bosque ardiendo en llamaradas.
—¡AUXILIOOOOO! ¡AYUDA! —se escuchando gritos por doquier, quejidos, llantos.
El olor a cenizas, a sangre, congeló a la loba blanca por un momento. Y al reaccionar rápidamente comenzó a correr guiada por el aroma de los líderes del templo en la distancia, y la sensación horrible de…
¡PELIGRO DE MUERTE!
…………..
Mientras tanto.
En un campo frente al templo, con el bosque ardiendo y el suelo cubierto del rojo carmesí de lobos muertos, yacía el cuerpo sin vida de Lucía, una de los tres jerarcas bendecidos por la diosa.
A su lado, Solem, líder principal, encadenado y de rodillas. Detrás de él, la figura imponente de un Alfa de casi dos metros, de hombros anchos y músculos tensos bajo su armadura oscura, con su capa negra ondeando al compás del viento nocturno.
Su cabellera pelirroja azabache caía hasta el cuello, enmarcando un rostro duro y esculpido, con una mandíbula marcada y una mirada verde, fría y penetrante.
—Te dije que si la matabas, el templo caería, Rey Alfa Reymond —sonrió Fort, el tercer jerarca.
—¡Maldito seas, Fort, traidor! —rugió Solem—. ¡Maldito seas tú también, Alfa de la manada Fuerza Aguerrida! ¡La diosa te castigará!
Reymond, con una sonrisa arrogante, se inclinó, tomó el cabello blanco de Solem y hundió sus garras negras en su cuello, cortando la piel con lentitud para saborear su dolor, mientras la sangre caliente comenzaba a deslizarse.
—¿La diosa? —bufó con desprecio ese Rey Alfa, con la voz grave y helada—, ¿dónde estaba esa m@ldita diosa, cuando ustedes, corruptos, mataron a mi padre? —sus ojos brillaron con furia contenida—. Morirás mirando cómo caen los tuyos. Como yo vi morir a mi padre, sin poder hacer nada.
—¡¡¡NOOOOO!!! ¡¡NO LO HAGAS!! —gritó una loba blanca que corría entre los cadáveres, acercándose hacia ellos.
El Alfa alzó la mirada… y su lobo rugió dentro, mientras sentía una corriente electrizante recorrer su cuerpo, y un delicioso aroma dulce y embriagador invadir sus fosas nasales.
"¡M@LDITA DIOSA!… ¿Por qué mi mate, mi luna, tenía que aparecer ahora?"

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