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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1429

—Oh.

Sombra, sintiéndose descubierta, se frotó la punta de la nariz e infló las mejillas a propósito: —Qué genio tan feo. Mejor ya no me caso.

—¿Cómo?

El rostro de Leonardo se puso pálido, revelando su pánico de manera evidente. —Si no te casas conmigo, ¿con quién te vas a casar?

¿Con Aldi?

Que ni se le ocurriera soñarlo. Ese viejo zorro de Rogelio lo mandaría a matar sin pensarlo dos veces si eso pasaba.

¡Pfff!

Sombra estalló en carcajadas. Con las mejillas teñidas de un suave rosa, jaló juguetona la mano de Leonardo y le susurró: —Bueno, ¿nos vamos o qué?

—¿Ah?

Leonardo, mareado por sus cambios de humor, no entendía nada.

—Todavía es temprano, si corremos, alcanzamos a llegar a la Oficina del Registro Civil antes de que cierren —Sombra le dedicó una sonrisa traviesa—. ¿O planeas quedarte arrodillado ahí para siempre?

¿Eso quería decir...?

¿Que le acababa de dar el "sí"?

—¡Vámonos!

Leonardo saltó de inmediato, pero había pasado tanto tiempo arrodillado que las piernas se le habían entumecido.

Un calambre agudo le recorrió el cuerpo, y terminó cayendo de rodillas otra vez.

Pero esta vez, con ambas.

Sombra no pudo evitar soltar una exclamación de sorpresa.

——

Dos horas más tarde.

Leonardo y Sombra salieron de la Oficina del Registro Civil, cada uno con sus Certificados de matrimonio recién firmados.

—Sombra, deja que yo los guarde para que no se pierdan —Leonardo le arrebató el documento de las manos y, junto con el suyo, lo metió en el bolsillo interior de su saco.

—Está bien.

Sombra lo miró con curiosidad, pero no le dio más vueltas al asunto.

—¿Crees que deberíamos ir a celebrar?

Tras asegurarse de que los papeles estuvieran bien escondidos, Leonardo, temblando de emoción, entrelazó sus dedos con los de ella: —Hoy podríamos...

—¡Sí, claro que hay que celebrar!

A Sombra se le encendió el foco. Retiró la mano de la suya, sacó el celular y, emocionada, marcó el número de Aldana: —¡Cómo se me fue a olvidar! Todavía no le cuento nada a mi hermanita.

Leonardo: "..."

—¡¡¡Hermanita!!!

—¡¿Quieres matarme de un susto?!

Aldana, que apenas salía de clase, se llevó semejante sobresalto por el grito eufórico de Sombra que casi se le cae el teléfono.

—¡Por fin somos familia oficialmente! —Sombra soltó una risilla y chilló de alegría.

—¿Familia?

Aldana apretó el celular, tratando de asimilar esa palabra.

Aldana parpadeó y preguntó con honestidad: —Por mí perfecto, ¿pero qué opina Leonardo?

—¿Él?

Sombra giró a ver a Leonardo. Uf, esa cara de vinagre sí asustaba. Tragó saliva y preguntó tímidamente: —¿Te... te parece bien?

—¿Tú qué crees?

Leonardo apretó los labios y preguntó con voz sombría: —Señora Sombra, ¿con quién se acaba de casar?

...

Sombra lo señaló con un dedo tembloroso.

—¿Y con quién es que debería estar celebrando entonces?

...

Sombra parpadeó un par de veces, y como si le hubiera caído el veinte, exclamó: —¡Oh, es cierto! Tú eres mi marido.

...

Leonardo soltó una sonrisa resignada. A veces sentía ganas de abrirle la cabecita para ver qué clase de engranajes la hacían funcionar.

Aunque mejor no.

Si lo hiciera, seguro que solo encontraría fotos de Aldana pegadas por todas partes.

Él era el marido de papel, pero Aldana era la verdadera dueña de su corazón.

Hmph.

Qué mujer tan ingrata.

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