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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1860

Hotel.

Darío estacionó el auto y sacó a Lourdes, que no se había quedado quieta durante todo el trayecto, levantándola del asiento del copiloto para llevarla en brazos.

—Darío...

Al sentir su aroma familiar, Lourdes no pudo evitar acurrucarse más en su pecho.

—Aquí estoy.

Darío sonrió, sintiendo un pequeño salto de alegría en el corazón.

Estaba borracha y lo estaba llamando a él, no a otro.

¿Cómo no considerar eso un avance?

—Darío...

Lourdes se movió un poco y murmuró algo incomprensible entre sueños.

En medio de su movimiento, sus labios rozaron suavemente la garganta del hombre.

Darío tensó su cuerpo de golpe y dejó escapar un ligero gemido.

Frunció el ceño, reprimiendo con todas sus fuerzas la marea de emociones, y le advirtió en un susurro:

—Señorita, no se mueva tanto.

Empujó la puerta con la pierna.

Darío recostó a Lourdes en la cama con suma delicadeza, planeando ir a prepararle un buen caldo para la resaca.

Ella solía tomar, pero siempre controlaba sus límites. Hoy, seguramente por la emoción de estar con su familia, había bebido de más.

—Me siento muy mal, quiero bañarme.

Lourdes lo agarró por los hombros negándose a soltarlo y comenzó a jalonearse la ropa frenéticamente.

Llevaba un atuendo ligero, solo un vestido de tirantes.

Con un par de movimientos lo deslizó, dejando al descubierto buena parte de su figura.

—Puedes bañarte mañana, ¿sí? —Darío la cubrió rápidamente con la manta, con una voz ronca que no parecía suya.

Hoy ya había recibido demasiadas provocaciones. Si encima la bañaba...

De verdad no podía garantizar que se iba a controlar.

—No.

Lourdes era muy limpia, siempre tomaba dos baños al día.

Y más ahora, oliendo a puro alcohol, apestaba horriblemente.

Sentía demasiada incomodidad si no se lavaba.

—Me baño yo sola —Lourdes empujó a Darío y caminó descalza hacia el baño.

El vestido largo cayó al suelo, y su hermosa figura quedó completamente expuesta ante los ojos de Darío.

Él tragó saliva, se apresuró a alcanzarla y la levantó en brazos:

—Yo te baño, ¿sí, mi vida?

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