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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1484

¿Hacerse la víctima?

Félix escuchó el consejo y se lo grabó en la mente.

***

En la entrada de la casa.

Sania Verano y Cornelio Espinosa le entregaron muchos regalos a Casiana.

La mayoría eran para los padres adoptivos de Félix y para Doña Inés.

—Gracias, son muy considerados —dijo Casiana, conmovida.

—De nada, hija —Sania le palmeó la mano a Casiana y le habló con tono dulce—. Mientras seas feliz, te apoyaremos en todo lo que hagas. Siempre seremos tus padres.

—Gracias —Casiana asintió con una expresión de tristeza; sabía que se refería al tema del «divorcio».

Sania luego miró a Félix, bajó la voz y le advirtió con tono severo:

—Casiana me encanta como nuera, y no me importa lo que tengas que hacer, más te vale no dejarla ir.

—Sí. —Félix asintió y respondió con voz grave—: Me esforzaré.

Él era quien menos quería perder a Casiana.

***

Dos días después.

El avión privado del Grupo Lucero aterrizó en el Aeropuerto del Continente del Sur.

Tras varios días de reposo y con los nuevos medicamentos preparados por Aldana, Casiana ya podía caminar por su cuenta, aunque todavía un poco lento.

—Joven amo. —Los guardaespaldas de la familia Hidalgo los esperaban en la salida y los saludaron con respeto—. Señora Hidalgo.

—Primero vamos a nuestro nido de amor —ordenó Félix al subir al auto, con voz profunda.

—¿No iremos primero a ver a tus padres? —preguntó Casiana girando la cabeza hacia él.

—Fueron muchas horas de vuelo, mejor descansa primero. —Félix se quitó el saco y lo colocó sobre Casiana—. Podemos ir más tarde, no hay prisa.

—Ah.

Casiana no cuestionó su decisión. De hecho, tenía bastante sueño, así que se recargó en el asiento y cerró los ojos.

El trayecto hasta la casa era un poco largo, y Casiana se quedó dormida sin darse cuenta.

Incluso cuando el auto se detuvo, aún no había despertado.

—Mañana hay un evento en el Continente del Sur, irán todos los jóvenes de su círculo social —la voz de Don Humberto sonó profunda e imponente—. Ya que estás aquí, lleva a Casiana contigo.

—Está bien —respondió Félix en voz baja—. Mañana tengo que ir primero al laboratorio a resolver un asunto.

—Entonces que vaya Casiana adelantándose, no pueden llegar tarde los dos, o la gente hablará mal de la familia Hidalgo.

—Entendido. —El tono de Félix no mostró ninguna emoción. Justo antes de colgar, Don Humberto volvió a hablar:

—Cuando termines, ven a la casa principal. Tu madre y yo tenemos que hablar contigo.

—De acuerdo.

Tras finalizar la llamada, Félix le devolvió el teléfono a la empleada y le explicó de paso:

—Deja que la señora descanse bien. Cuando despierte, dile que tuve un imprevisto en el laboratorio. Iré a alcanzarla en el evento en cuanto termine.

—S-sí, joven amo. —La empleada, sorprendida, no pudo ocultar su alegría.

El joven amo no solo había regresado, sino que acompañaría a la señora al evento.

Por fin, los días oscuros de la señora habían terminado.

—Y una cosa más... —Félix dio unos pasos y se detuvo de repente. Su mirada se posó en el rostro de la empleada—. ¿No tiene apetito? ¿Por qué está tan delgada?

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