—¿Yo te besé?
Casiana sintió que le faltaba el aire. Tratando de recordar lo que pasó anoche, tenía el vago recuerdo de un sueño.
En su sueño, efectivamente había besado a Félix.
Se le cayó el mundo encima.
¿Acaso de verdad había cometido un acto inapropiado contra Félix?
—Yo...
Casiana quiso explicarse, pero no sabía por dónde empezar.
—No me acuerdo —Casiana desvió la mirada, planeando hacerse la desentendida—. Me voy a levantar.
—Oye... —Apenas iba a darse la vuelta cuando Félix la inmovilizó de repente. Los oscuros ojos del hombre se clavaron en ella—. ¿Haces algo malo y quieres huir?
Casiana se perdió en el remolino de su mirada, apretó los puños, con el pecho subiendo y bajando aceleradamente.
—No fue a propósito —se explicó Casiana mordiéndose el labio—. Te pido perdón, ¿de acuerdo?
—Si pedir perdón fuera suficiente, ¿para qué existiría la policía?
Casiana frunció el ceño.
Aún no estaban divorciados. Incluso si lo había besado por accidente, ¿qué tenía de malo?
—Te lo anoto en la cuenta por ahora, me lo pagarás después —dijo Félix, tocando con la yema del dedo la delicada nariz de la chica.
Se dio la vuelta, se levantó, tomó ropa limpia y se la entregó a Casiana.
—Me voy a bañar, tú vístete primero.
Casiana se quedó sentada en la cama, escuchando el sonido del agua en el baño.
Se tocó la nariz, justo donde Félix la había rozado, sintiéndose ansiosa y confundida.
Esto no podía ser una ilusión, ¿o sí?
***
En la mesa del comedor.
Todos comían en silencio, lanzando miradas ocasionales a la pareja que estaba enfrente.
Especialmente Sombra.
La pésima idea de regalarle el camisón había sido suya.
Ella se consideraba una «veterana» en cuestiones de amor; ya fueran hombres o mujeres, con solo intercambiar un par de frases, sabía qué tipo de persona tenía enfrente.

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