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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1569

—¡Suéltame!

Inés se zafó con fuerza y le gritó con voz fría y ronca:

—A ti no te importa quién sea él. Y ese perro de Kilian, ni aunque me lo regalaran lo querría. Solo de pensar que me relacionen con él me da asco. Si tanto te gusta la basura, entonces cuídalo bien.

Inés se frotó la muñeca que le había quedado roja; con los ojos ardiendo de rabia, soltó sus últimas palabras:

—Y otra cosa, ve y dile que no dejaré pasar lo que publicó en el foro. Lo voy a investigar hasta el fondo y no se va a librar.

La mujer, desequilibrada por el empujón de Inés, casi se cae.

La furia se le subió a la cabeza.

Dio un gran paso al frente y levantó la mano dispuesta a cruzarle la cara a Inés de una bofetada.

—¡A mí nadie me empuja! ¡Hoy mismo te reviento, maldita trepadora!

Instintivamente, Inés se echó hacia atrás, pero olvidó que tenía las mesas y la pared detrás de ella.

Su cadera chocó violentamente contra la esquina de la mesa.

En ese instante, un dolor punzante y desgarrador recorrió todo su cuerpo, haciéndola tambalear.

Cuando quiso reaccionar, la bofetada de la mujer ya iba camino a su rostro. Inés no tenía fuerzas ni espacio para esquivar, así que apretó los dientes, lista para recibir el impacto.

Los espectadores ahogaron un grito, paralizados por la sorpresa.

¡Ese golpe iba a dejarle la cara desfigurada!

Aunque bueno... algunos pensaban que, si se atrevía a ser la amante, tenía que atenerse a las consecuencias.

Justo cuando todos daban por hecho que a Inés le iban a dar la paliza de su vida...

Una mano grande, firme y con las venas marcadas, atrapó la muñeca de la mujer en el aire.

—¿?

La mujer giró la cabeza y se encontró con un hombre alto, fornido y de rostro sumamente atractivo, pero cuyos ojos oscuros estaban cubiertos de una capa de hielo, mirándola con profundo desprecio.

—¿Y tú quién eres?

La mujer se quedó aturdida por su belleza un segundo, pero el fuerte dolor en su muñeca la devolvió rápido a la realidad.

—¡Me lastimas! ¡Suéltame!

—¿No estabas preguntando por mí hace un segundo?

Wilfredo aún sostenía las cajas de regalo en su mano izquierda; era obvio que había corrido desde el estacionamiento. Su camisa de manga corta estaba empapada en sudor, y su frente brillaba por la transpiración. Su respiración aún era agitada.

La mujer intentó zafarse inútilmente.

Capítulo 1569 1

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