—¡Aldana!
Al verla entrar, Quico se puso de pie, con la voz cargada de culpa.
***
Aldana no estaba de humor para prestarle atención. Pasó de largo, se acercó a Julieta y se agachó a su lado.
Ese vientre abultado, ese cuerpo tan delgado, ese rostro pálido...
Diez meses de embarazo, ¡¿cómo diablos la había cuidado Quico?!
—Aldi...
Julieta, que había recibido analgésicos, parecía tener un poco más de energía y le dedicó una sonrisa tierna. —No tengas miedo, todo estará bien.
Desde la capital hasta la Isla Solestia, en un viaje normal, se tardaba al menos unas ocho horas.
Seguramente había venido a toda prisa.
***
Aldana le tomó la mano a Julieta, abrió la boca y descubrió que tenía un nudo en la garganta tan doloroso que no podía emitir sonido.
Había atendido a innumerables mujeres embarazadas y había visto escenas donde tanto la madre como el bebé perdían la vida.
Sabía perfectamente lo peligroso y difícil que era ser madre.
Solo que nunca imaginó...
Que algún día, la persona en la mesa de operaciones sería su propia hermana.
—Mmm.
Aldana asintió y forzó una sonrisa. —Con tanta gente aquí, seguro que todo saldrá bien.
—Confío en ti. —A Julieta se le humedecieron los ojos y apretó la mano de Aldana, sintiéndose un poco vulnerable—. Aldi, tienes que quedarte aquí conmigo.
—Mamá, papá y el resto de la familia también están en camino. Todos te acompañaremos.
Aldana le acomodó las cobijas, manteniendo la calma. —Guarda tus fuerzas, déjanos el resto a nosotros.
—Sí.
Julieta decía no tener miedo, pero su expresión de ansiedad la delataba por completo.
—Déjame tomarte el pulso.
Aldana se concentró al máximo. Tras tomarle el pulso, su expresión cambió levemente.
Pero no dejó que Julieta lo notara.
Al terminar la revisión, Aldana se puso de pie y, al pasar frente a Quico, se detuvo.
***
Los demás doctores asintieron de inmediato y sacaron sus bolígrafos para tomar notas con atención. —¿Qué medicamentos se necesitarán durante el proceso?
Aldana los enumeró uno por uno, indicando los nombres y las cantidades exactas hasta el último miligramo.
Había muchos medicamentos que ni siquiera habían escuchado nombrar.
Se decía que eran las últimas innovaciones traídas a toda prisa desde el Submundo.
—En cuanto a lo que pueda pasar después... —Aldana apretó los labios y su voz se volvió más grave—. Sin importar qué clase de imprevisto surja, la prioridad absoluta es salvar a Julieta.
—¿No hay problema con eso, Quico?
—Por supuesto que no —Quico no estaba en condiciones de procesar nada más.
Mientras Julieta estuviera a salvo, él daría su propia vida si fuera necesario.
—Ustedes son los mejores doctores del Submundo y de la Isla Solestia, confío en que podrán asegurar que madre e hijo salgan bien —dijo Aldana, recorriendo con la mirada a los presentes—. Mientras ellos estén a salvo, les daré un cheque en blanco. La cifra la deciden ustedes.
—Señorita Fantasma, no diga esas cosas.
Los presentes se sintieron abrumados y respondieron apresuradamente:
—Es un honor para nosotros trabajar para usted.
—Pierda cuidado. Sin importar lo que pase, daremos nuestro mayor esfuerzo para mantener a salvo a la señora y al bebé.

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