—¿Qué?
Un estudiante que llegó tarde logró acercarse a sus compañeros a duras penas.
Al escuchar esas palabras, se asustó tanto que soltó en voz alta:
—¿Aldana va a huir de la boda?
Más adelante, Rogelio volteó abruptamente, con una mirada asesina.
El compañero le tapó la boca de inmediato: —¿Acaso quieres morir?
El profesor Plácido se rascó la cabeza y, finalmente, no pudo evitar hablar:
—Aldana, ya casi es hora.
—Sí.
Aldana asintió, le acarició el rostro al hombre con los dedos, se puso de puntillas para acercarse a su oído y, con su voz clara y fresca, dijo:
—Tranquilo, no voy a huir de la boda.
—Te estaré esperando.
Las comisuras de los labios de Rogelio se elevaron; la abrazó durante unos segundos y la soltó con renuencia.
Se quedó de pie en el mismo lugar hasta que su figura desapareció por completo.
El hombre apartó la mirada, la ternura desapareció de su rostro y su voz se volvió gélida:
—Regresemos al consorcio.
—Sí, jefe.
Iván y Eliseo sintieron una ráfaga de frío penetrante golpearles la cara.
***
Siete de la noche.
Rogelio regresó a casa desde el consorcio.
En la inmensa y vacía sala de estar, la única que lo recibió fue Eva.
—Señor, ha regresado.
La cena estaba servida en la mesa, y todos eran sus platos favoritos.
Rogelio echó un vistazo al sofá; normalmente, Aldi estaría recostada ahí jugando videojuegos.
Al escucharlo llegar, solo levantaría la vista como un gato perezoso y luego seguiría con su celular.
Hoy no.
Desde que estaban juntos, rara vez se habían separado por tanto tiempo.
Esta vez serían unos diez días.
No quería ni imaginar lo insoportables que serían los días.
Innumerables veces, Rogelio tuvo el impulso de tomar un vuelo y seguirla, pero pensaba en la boda que se acercaba.
Tenía que supervisarlo todo para asegurarse de que los preparativos fueran perfectos y no quedara ningún arrepentimiento.
Y además...
Su chica le había ordenado que no fuera, y él no se atrevía a desobedecer.
—Señor, la cena está lista. —Eva se secó las manos y habló con respeto—: Preparé una sopa de costillas con calabaza, ¿gusta probarla?
Rogelio miró la comida sin mucho apetito.

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