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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1630

—Aldana tiene muchos amigos y familiares protegiéndola. Te aseguro que no te la pondrán nada fácil.

Doña Marcela llevaba un vestido largo y elegante de color púrpura. Tenía el cabello blanco recogido en un moño perfecto y lucía unos pendientes de esmeralda que había guardado durante décadas. Además, llevaba un maquillaje exquisito.

Lucía rebosante de energía, noble y distinguida.

—Y tú, tuviste demasiada suerte en tu época.

Brunilda, quien vestía un hermoso y clásico vestido rosa, miró de reojo a Feliciano y movió sus labios pintados de rojo:

—Si yo hubiera tenido a tanta familia y amigos defendiéndome la puerta, no habrías podido casarte conmigo tan fácilmente.

—Tienes razón.

Feliciano tomó la mano de su esposa, sus ojos derrochando ternura.

—Tenerte a mi lado es la mayor bendición de mi vida.

—¡Qué cosas dices!

Brunilda le dio un ligero golpe en el brazo. ¿Acaso no se daba cuenta de que ella lo estaba molestando a propósito?

Pero bueno.

Para un hombre conservador como Feliciano, que ni siquiera usaba redes sociales, decir palabras tan dulces ya era un logro enorme.

—Estás a punto de ir a buscar a tu novia, ¿estás nervioso? —preguntó Doña Marcela, mirando a Rogelio con una sonrisa.

—N-no estoy nervioso. —Rogelio tragó saliva con dificultad.

Todo el mundo estaba mudo. Era la primera vez que veían a Rogelio tan nervioso que hasta tartamudeaba.

—Jefe, es la hora.

Eliseo, impecable con su traje y un pañuelo rojo doblado en el bolsillo, entró a la sala.

En esta boda no habría padrinos ni damas de honor oficiales junto al altar.

Para el momento de los votos...

Rogelio solo quería que estuvieran ellos dos.

—Ve —dijo Brunilda, respirando profundo y con un tono muy serio—. Te esperaremos aquí en casa hasta que traigas a Aldana.

Los labios de Rogelio formaron una sonrisa de pura determinación.

—Así será.

¡Pum!

El sonido de los fuegos artificiales estalló en el aire y la interminable caravana de autos arrancó desde la Mansión Lucero en dirección a la residencia de los Espinosa.

[Por el amor de Dios, ¿qué agencia de prensa tomó estas fotos? ¿Podrían pedir un préstamo y comprarse una cámara decente? ¡Sé que el chisme es gratis, pero al menos ofrezcan calidad!]

[¿Cómo es posible que nadie haya logrado sacar ni una sola foto de Aldana? No me puedo imaginar lo diosa que debe verse hoy.]

[¡Rápido, rápido, la caravana se aleja! ¡Síguelos!]

¡Crash!

Varios autos de prensa aceleraron al mismo tiempo y, en su desesperación por no perder detalle, provocaron una carambola.

No hubo heridos, pero varios parachoques terminaron echando humo.

Al ver esto, los demás periodistas aprovecharon para rebasarlos y seguir la persecución.

***

Mansión Espinosa.

Leonardo, Félix, Wilfredo, Gilda, Julieta y Lourdes...

Todos estaban parados en el balcón del tercer piso, mirando a lo lejos, listos para disfrutar del espectáculo.

—¡Ya veo la caravana! —exclamó Wilfredo, emocionado—. El despliegue es gigantesco, ni siquiera alcanzo a ver el último auto.

—No te quedes mirando los coches, ¿ya tienen listas las pruebas para dejarlo entrar? —Sombra se frotaba las manos, vibrando de la emoción—. Yo ya tengo mi estrategia perfecta. Je, je, je... ¡Van a ver cómo haré sudar a ese viejo zorro!

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