—Yo también, yo también.
Lourdes estaba incluso más emocionada que Sombra, y ambas chocaron los cinco en el aire.
—Vamos a hacer desastre juntas.
—Digo lo mismo. —Gilda levantó la barbilla, con una expresión mucho más seria que la de las otras dos.
Ellas solo querían jugar un poco y divertirse, pero Gilda...
Parecía que de verdad no quería que la hermanita se casara.
«Jajaja».
«El viejo zorro va a sufrir».
—Ya casi llega, me adelantaré. —Sombra empezó a bajar las escaleras dando saltitos.
Leonardo la detuvo tomándola de la mano.
Sombra alzó la mirada, la sonrisa desapareció de su rostro y lo miró con recelo.
—¿No me digas que vas a pedirme que sea compasiva con el viejo zorro?
—Por supuesto que no. —Leonardo entrelazó sus dedos con los de ella, regalándole una sonrisa cálida—. Un espectáculo como este no me lo pierdo por nada del mundo. ¡Bajemos juntos!
—De acuerdo.
Con la sonrisa de vuelta en su rostro, Sombra tiró de la mano de Leonardo.
—¡Vamos, vamos, apúrate!
—Entonces nosotras nos quedaremos esperando en la puerta de la habitación de Aldana —sugirió Lourdes—. A ver si se atreve a sobrepasarse.
Además de ellas, Aldana también había invitado a Galileo, Elena, Tania y a Jacinta, sus amigas más cercanas de la universidad.
Todos estaban de pie en la puerta, ansiosos por conseguir sus sobres con dinero y disfrutar del espectáculo.
Uno más emocionado que el otro.
***
Abajo.
La larga caravana de vehículos de la boda se detuvo lentamente frente a la mansión de la familia Espinosa.
Se abrió la puerta del auto principal.
Un hombre, enfundado en un traje elegante negro y sosteniendo un exquisito ramo de flores, apareció ante los ojos de todos.
—Sr. Lucero, ¡felicidades por su boda!
Los invitados que aguardaban en la entrada expresaron sus más sinceras bendiciones.
—Muchas gracias.
Rogelio sonrió levemente y levantó la vista hacia el piso de arriba, aunque lamentablemente solo pudo alcanzar a ver el balcón de la habitación de su chica.
De la barandilla oscura colgaba un hermoso arreglo floral de boda.
La mirada del hombre se profundizó y la curva de sus labios se ensanchó gradualmente.
En ese momento, la voz de Sombra resonó, devolviéndolo a la realidad.
—Buenos días, cuñado.

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