—¿De una familia a su nivel?
Aldana cruzó las piernas, entrecerró los ojos y dijo con tono serio: —Sobre la posición social no hay mucho de qué preocuparse. A fin de cuentas, hay pocas familias en la capital que estén a nuestro nivel.
Gilda: —¿Ah?
Aldana: —Y en cuanto a la edad, dicen que un amor maduro vale oro. Si le llevas cuatro años, el chico se sacó la lotería contigo. ¡Le sale hasta barato!
—¿Eh?
Al estar siempre en la Escuela de Cazadores y casi no navegar por internet, Gilda no estaba muy al tanto de esos dichos.
—El punto es... no eres tú la que no está a su altura, es él quien tal vez no te merezca.
—No lo creo —murmuró Gilda en voz baja, evitando que Aldana la escuchara.
Aún no estaba lista para revelar que se trataba de Héctor Lucero.
Si Aldi lo descubría...
Quién sabe cómo reaccionaría.
—Pero, ¿te gusta? —preguntó la mentora del amor, Aldana Carrillo, entrando en acción.
Gilda frunció el ceño: —Un poco.
El chico era guapo, tenía buen cuerpo, cocinaba bien...
No fumaba, no tomaba... Su único defecto era que no sabía cuándo callarse.
—Pero su mamá seguro se va a oponer. —Solo de pensarlo, a Gilda le dolía la cabeza—: Seguro hará un berrinche, llorará y amenazará con un infarto. Y esas cosas me dan mucha flojera.
Arruinar la tranquilidad de su vida solo por un hombre.
No valía la pena.
—Ya entiendo.
Aldana asintió con total seriedad, levantando un dedo índice: —Entonces, lo más probable es que no te guste lo suficiente.
Gilda: —¿Por qué lo dices?
Aldana: —Porque si de verdad te gustara mucho, tendrías ganas de enfrentar los problemas a su lado.
Gilda frunció el ceño: —¿Así funciona?
Aldana: —Claro, yo ya pasé por eso y te lo digo por experiencia.
—Entiendo. —Gilda bajó la secadora, levantó las sábanas y se metió en la cama—: Ya vamos a dormir, Aldi.
—Pero, ¿qué fue lo que entendiste? —Aldana se quedó desconcertada; aún no había terminado de hablar.
Cuando dijo que "no le gustaba lo suficiente", se refería a cómo actuaría otra persona.
Pero tratándose de Gilda, que solía ser tan estoica, el hecho de que estuviera tan indecisa solo significaba que, en realidad, le gustaba muchísimo.
No.
Tenía que pedirle a Rogelio que investigara de quién se trataba.
***
En el estudio.
***
Al día siguiente.
Gilda se levantó muy temprano.
La verdad, no había dormido bien y se había despertado varias veces durante la madrugada.
Al ver a la chica a su lado profundamente dormida, no quiso molestarla.
Salió de la habitación con cuidado de no hacer ruido y fue al baño de invitados a lavarse la cara.
Al llegar al comedor.
Se topó de frente con Rogelio. Ambos cruzaron miradas.
El intercambio de miradas fue bastante incómodo; por un momento, ninguno supo cómo dirigirse al otro.
—Buenos días.
Al final, fue Rogelio quien rompió el hielo—: El desayuno tardará un ratito más.
—No es necesario.
Gilda, evitando mirar a Rogelio a los ojos, dijo en voz baja: —Por favor avísale a Aldi que ya me fui.
—De acuerdo.
Rogelio la vio salir e inmediatamente le mandó un mensaje a Héctor: [Tu diosa acaba de irse de mi casa.]

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