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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1864

—¿Mi abuelo está en la Residencia de Gobierno? —preguntó Darío después de enviar el mensaje, alzando la vista hacia el chofer.

—Sí, sí está —respondió el chofer, apartando la mirada apresuradamente por el susto.

Cuando volvió a espiar por el retrovisor, el Mandatario tenía otra vez su típica expresión de «todos merecen morir».

Uf...

Definitivamente había sido una alucinación.

—Don Belisario se alegró muchísimo al enterarse de que volvería —añadió el chofer con máximo respeto—. Ni siquiera durmió su siesta. Preparó la comida personalmente y lo está esperando.

Al escuchar sobre su abuelo, la expresión de Darío se suavizó un poco. «Ese viejito, no está bien de salud y todavía se pone a hacer esfuerzos».

—¿Y él? —La voz de Darío volvió a congelarse al instante, mientras cerraba los ojos para descansar.

El guardaespaldas sabía muy bien a quién se refería, así que respondió de inmediato:

—¿El antiguo Mandatario, Don Octavio? Últimamente está muy ocupado arreglando el jardín.

¿El jardín?

Darío curvó ligeramente los labios en una sonrisa cargada de sarcasmo. La única villa con jardín privado dentro de la residencia familiar se la habían asignado a Camilo.

Don Octavio siempre había sido un maniático de la limpieza. Antes no era capaz de tocar ni una mísera hoja. Y ahora, con tal de mostrar cariño, se dedicaba a cuidar personalmente ese jardín.

Cuánto amor, por Dios.

—Vámonos —ordenó Darío con sequedad, y la temperatura dentro del vehículo pareció caer un par de grados más.

El chofer tragó saliva. «¿El Mandatario no piensa preguntar por el primogénito? ¿Acaso sabe que el joven amo Camilo está por regresar al país? ¿O será que... un perdedor del pasado ya no representa ninguna amenaza para él?»

...

Diez minutos después, el vehículo ingresó a un estacionamiento seguro y apartado.

Los escoltas, vestidos de negro y con lentes oscuros, estaban alineados en formación, listos para la acción.

En medio de todo el despliegue, destacaba el Rolls-Royce Ghost extendido de color negro, el auto exclusivo del Mandatario de Bravaria.

Darío bajó del coche, paseando su gélida mirada por todos los presentes.

—¡Mandatario! —Todos agacharon la cabeza al unísono, saludándolo con profunda reverencia.

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