Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1876

¿Una debilidad?

Anselmo lo meditó detenidamente. Desde niño, a la única persona que el joven Darío respetaba era a Don Belisario Alzamora.

Más allá de eso, su actitud hacia todo lo demás podía resumirse en una sola palabra: frialdad.

Encontrar su punto débil era como intentar alcanzar la luna con las manos.

—¿Cómo está Camilo? —Don Octavio cambió de tema.

Al hablar de su primogénito, su tono se suavizó considerablemente.

—El joven Camilo está actualmente en la villa de las afueras. Hay hombres vigilándolo y cuidando de él las veinticuatro horas, por ahora no habrá problemas.

Tras responder, Anselmo lo pensó un segundo y agregó:

—Es solo que el joven Camilo dice que se aburre en la villa y exige salir a tomar aire.

—¿Salir a tomar aire en un momento crítico como este? —replicó Don Octavio con frialdad—. Si se llega a cruzar con Darío, ese infeliz lo va a hacer pedazos.

Mientras lograran mantenerlo oculto hasta los días de la celebración del cumpleaños, Darío no haría ninguna locura.

—Camilo habrá cometido errores, pero sigue siendo un Alzamora. Don Belisario no dejará que Darío haga lo que se le dé la gana.

—Tiene razón.

Anselmo se secó el sudor frío de la frente y se tragó las palabras que tenía en la punta de la lengua.

¿Que no lo dejaría?

Aquella vez, el joven Camilo fue por lana y salió trasquilado, casi pierde la vida a manos de su hermano.

Y cuando ambos regresaron a la mansión de los Alzamora, Don Belisario le dio otra paliza al joven Camilo (casi lo mata a golpes).

Don Octavio parecía haber olvidado cómo tuvo que suplicarle de rodillas a Don Belisario para que le perdonara la vida.

No es por hablar mal del joven Camilo, pero era demasiado inútil y caprichoso.

Si realmente lo pusieran como el gobernante, todo Bravaria se iría a la ruina.

Y sobre Don Octavio, también había mucho que decir.

¿Cuándo entendería que el verdadero problema era el joven Camilo?

¿Qué culpa tenía el joven Darío?

Ay.

Él había presenciado todos los acontecimientos de esos años.

Y a estas alturas, hasta a él le indignaba la situación.

***

En el bar.

Lourdes durmió hasta la madrugada y se despertó medio aturdida.

Por inercia, pasó la mano por el espacio a su lado.

Estaba vacío.

—Recién hecho, sabor a crema pastelera.

Lourdes abrió el refrigerador y, en efecto, ahí estaba el pastelito.

Le dio un bocado. Tenía un sabor muy familiar.

—¿Lo hiciste tú? —preguntó.

—No —dijo Darío con dulzura—. Pero le enseñé al repostero del hotel, digamos que la receta le quedó casi igual.

—Pero no estoy en el hotel, estoy en una habitación del bar.

Darío se quedó en silencio un instante, buscando la respuesta adecuada.

—Sé que está en el bar.

—Tú fuiste quien llamó a Rogelio, ¿verdad? —Lourdes picó el pastelito con el tenedor, descubriendo la verdad sin titubeos.

Darío no supo cómo reaccionar a eso.

—Lo siento. Es que me preocupaba que, habiendo tanta gente en el bar, los del Casino Amanecer intentaran hacer algo... —confesó Darío con honestidad—. Si le molesta, no volveré a hacerlo.

—Hmph.

Llevaba apenas un par de días en la capital y él ya había movido cielo y tierra por ella.

El pastelito debía ser dulce, pero al probarlo, Lourdes sintió un sabor amargo en la boca.

Mientras mejor la trataba, más difícil le resultaba controlar su propio corazón.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector