¿Alguien coqueteando con Aldi?
Al leer esas palabras, las pupilas del hombre se contrajeron bruscamente y una intención asesina emanó de sus ojos gélidos.
El aire a su alrededor se congeló al instante.
—Jefe.
Al ver el rostro lívido de su jefe, Eliseo se apresuró a explicar: —La señorita Carrillo tuvo un pequeño altercado en el centro comercial con la hija de su padre adoptivo, pero no salió perdiendo.
—Al contrario, la chica y el hombre que la molestaba terminaron bastante mal.
—Jefe, mire los videos…
Eliseo carraspeó y, con cuidado, fue reproduciendo los videos uno por uno.
Video 1: Silvino intenta coquetear con la señorita Carrillo, pero ella lo pone en su lugar sin piedad, dejándolo completamente humillado.
Video 2: La señorita Carrillo utiliza una transmisión en vivo para hacer que ese par de desgraciados desembolsen más de un millón.
Su reputación quedó arruinada, pero ella consiguió el dinero.
La chica, de principio a fin, se mantuvo impasible como una roca, apenas pronunciando unas pocas palabras, como una estratega maestra que controla todo, luciendo audaz y llamativa.
Incluso a través de la pantalla, Eliseo podía sentir el aura imponente que la rodeaba.
Video 3: El contenido era más simple, una famosa diseñadora la trataba con suma reverencia.
—¿Quién es ese sapo?
Después de ver los videos, la hostilidad de Rogelio disminuyó gradualmente, y preguntó con voz fría.
¿Sapo? Eliseo se quedó perplejo por un par de segundos antes de entender.
Esa descripción era realmente acertada. La señorita Carrillo era joven, hermosa y extraordinariamente talentosa… Y lo más importante, era una luchadora increíble.
Excepto por el jefe, nunca había visto a nadie con habilidades tan asombrosas. Muchas veces, incluso sentía que... el jefe, por un poquito, no estaba a la altura de la señorita Carrillo. Y ni hablar de otros hombres.
—Se llama Silvino, es el prometido de Lucrecia —respondió Eliseo con la verdad.
—¿Prometido?
Rogelio ladeó la cabeza, sus ojos profundos se agitaron y su voz sonó ronca y magnética: —El hombre del que se rumorea que Aldi intentó seducir sin éxito, es él, ¿verdad?
—Sí, jefe.
Eliseo miró de reojo a su jefe. Un tipo como ese no podía provocarle celos, ¿o sí?
—¿Seducir?
Silvino asintió y, sintiéndose culpable, abrió la puerta del estudio.
Lo más probable era que el escándalo de Lucrecia hubiera llegado a oídos de su padre.
Afortunadamente, pagó a tiempo, así que no debería afectar a la familia Targo.
—¡Zas!
Silvino se detuvo en seco. Antes de que pudiera decir una palabra, una bofetada le golpeó la cara con fuerza.
—Mira lo que han hecho. ¿Por qué demonios tenían que meterse con Aldana?
El padre de Silvino, Marino, arrojó un expediente sobre el escritorio frente a Silvino y, señalándolo con el dedo, le gritó: —¡Por lo de hoy, las acciones del Grupo Targo fueron suspendidas!
—¿Las acciones suspendidas?
El cuerpo de Silvino se puso rígido, sus ojos llenos de incredulidad. —¿Cómo es posible?
Había pagado. Se suponía que el asunto estaba zanjado.
—Míralo tú mismo.
Marino agarró lo primero que encontró y se lo arrojó a Silvino, rugiendo con frustración: —La otra parte fue muy clara. Esto es una lección para ti y Lucrecia por haber ofendido a Aldana.

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