Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1620

—Como sea, mis regalos no se mueven de aquí.

Wilfredo se cruzó de brazos, negándose rotundamente a ceder.

—¿Por qué no apilamos algunas cosas en la sala?

Julieta mientras cargaba a Gordito en brazos, propuso una idea: —Porque, por cierto, yo también traje varios obsequios.

—¿?

Sania frunció el ceño.

—¿Pero tú no habías enviado tus regalos hace tiempo?

—Así es. —Julieta sonrió, entrecerrando los ojos, y tomó la manita regordeta de su hijo para hacerla saludar—: Mi esposo y yo ya le dimos nuestros regalos, pero Gordito aún no le había dado nada a su tía, ¿verdad?

Gordito agitó los brazos emocionado, y de la euforia, hasta se le salió un montón de baba.

El resto de los hermanos se quedaron sin palabras.

El argumento era tan válido que no supieron cómo contradecirla.

—¡Entonces, los míos cuentan como si los hubieran dado mis futuros hijos! —levantó la barbilla Wilfredo, con actitud triunfal.

—¡Pla!

Sania le dio una bofetada en el hombro, arrugando la frente: —Deja de decir tonterías. Saquen los regalos extra y pónganlos todos en la sala. El cuarto de Aldi debe quedar impecable para usarse como recámara de la novia.

—Está bien, está bien.

Wilfredo se frotó el brazo y se apartó para no estorbar.

—El cuarto sigue demasiado lleno y aún falta arreglarlo; si se queda ahí, no podrá descansar bien.

Cornelio comentó, preocupado.

—Aldana, puedes dormir conmigo esta noche —se adelantó Sombra, abrazando el brazo de la chica—: Hace mucho tiempo que no dormimos juntas, y hasta te extraño.

—De ninguna manera.

Leonardo intervino, apartando a Sombra hacia él y mirando a Lourdes: —Tú te mueves mucho y pateas las cobijas cuando duermes. Gilda se levanta demasiado temprano y hará ruido. Que Aldi se duerma con Lourdes.

—¡Me parece perfecto!

Lourdes la abrazó con fuerza, inspiró profundamente y le guiñó un ojo: —Mi querida Aldi, hoy has caído en las garras de tu hermana. Mañana, dile a Rogelio que si te quiere de vuelta, tendrá que pagar un jugoso rescate.

—Vaya, esa sí es una excelente oportunidad para extorsionarlo.

A Wilfredo le brillaron los ojos y le dijo a Lourdes: —Mitad y mitad, o si no, te delato.

—¡Ni en tus sueños!

Lourdes le hizo una mala cara y se llevó arrastrando a Aldana a su habitación.

***

A las diez de la noche.

Aldana recibió una llamada de voz de Rogelio.

—¿Ya te dormiste? —Escucharla pero no poder tocarla volvía a Rogelio loco—. ¿Me extrañas? ¿Mmm?

—Yo...

Aldana echó un vistazo a su lado. Su hermana Lourdes estaba fingiendo mirar su celular, pero en realidad tenía las orejas bien atentas para escuchar la conversación. A Aldana le dio tanta vergüenza que no supo qué contestar.

Rogelio insistió: —¿Aldi? ¿Sigues ahí?

—Aquí estoy.

Lourdes se tapó la nariz, e intentó fingir una voz gruesa: —Tu esposa está en mi cama. Si la quieres de vuelta, vas a tener que pagar el rescate.

Aldana estaba atónita.

—¿Y cuánto cuesta el rescate de mi amada esposa, si se puede saber? —Rogelio esbozó una sonrisa, hablando sin prisa.

—Unos quinientos millones, supongo. —Lourdes no planeaba ser considerada, al fin y al cabo, el viejo zorro estaba podrido en dinero—. Transfiéremelos ahora mismo, o despídete de ella.

—Esa cantidad no es nada comparado con mi esposa. —Rogelio se rio de forma perezosa e indiferente—: Pero resulta que yo soy un completo mandilón. Le he entregado todas mis cuentas de banco y tarjetas a ella. Así que sobre el dinero del rescate, primero tengo que pedirle permiso a mi esposa.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector