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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1934

—El señor Alzamora me entrenó personalmente. Conozco todas sus preferencias de memoria.

Al notar su desconcierto, Don Eu se inclinó un poco y se lo explicó con calma: —Le aseguro que haré mi mejor esfuerzo. No la decepcionaré, señorita Yáñez.

«¿Lo entrenó personalmente?».

«¿Acaso Darío se dedicó a hacer todo esto antes de irse?».

Lourdes se quedó mirando a Don Eu, sintiendo un nudo de emociones en el pecho.

—Ya que fue su decisión, de ahora en adelante ocuparás su puesto.

Si Darío lo había elegido, seguramente era muy competente.

—Aquí tiene el reporte de operaciones del casino de este último mes.

Don Eu le pasó unos documentos al instante y le explicó cada punto con detalle.

Lourdes hojeó las páginas y se dio cuenta de que la manera en que estaba organizada la información era idéntica a la de Darío.

Le facilitaba tanto las cosas que no tenía que forzar la mente para entenderlo.

«Definitivamente es alguien formado por él».

—Déjame los papeles aquí. Ya puedes volver a tus ocupaciones.

Lourdes asintió levemente, cerró la carpeta y habló con voz cansada.

—Con permiso.

Don Eu hizo una reverencia y se encaminó hacia la puerta.

Al ver esa figura encorvada y ese cabello blanco, Lourdes se sintió algo ridícula.

«¿Cómo pude confundirlo?».

¡Clic!

En cuanto la puerta se cerró, Don Eu, que hasta entonces había estado encorvado, se enderezó lentamente.

Volteó a ver la puerta cerrada, y una ligera sonrisa se dibujó en sus labios.

***

A decir verdad, sí tenía algo de hambre.

Lourdes se comió todos los postres que Don Eu le había preparado.

El sabor era exactamente el mismo que los que hacía Darío.

Don Eu parecía tener más de cincuenta años, ¿de verdad había aprendido tan rápido?

Seguramente le había costado muchísimo esfuerzo.

«Pobre hombre, se ve que batalló».

***

En ese instante, tocaron a la puerta de nuevo.

El gerente del casino entró y puso varias fotografías sobre el escritorio.

—Señorita Yáñez, estos son los candidatos que pidió que buscáramos.

Lourdes les echó un vistazo y solo entonces lo recordó.

Antes, para que Darío se fuera sin poner peros, ella le había exigido al gerente que le buscara un nuevo chico mantenido.

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