—¡Cof, cof, cof...!
Hernán estaba saboreando el vino tinto cuando escuchó esas palabras de golpe.
Esa bebida de primera categoría que costaba una fortuna de repente le supo a rayos.
¿Qué demonios?
Él era un hombre cien por ciento heterosexual, ¿cómo iba a estar enamorado de Darío Alzamora?
Solo a Lourdes le importaría un perro callejero con buena apariencia como él.
—Sr. Mendoza, tenga cuidado —Lourdes curvó sus labios rojos y dijo de forma despreocupada—: No me diga, ¿se puso así de nervioso porque en verdad está enamorado de Darío?
Su tono de voz fue bastante alto, atrayendo las miradas extrañas de los clientes a su alrededor.
—¡Srta. Yáñez, le pido que no invente rumores! —Hernán puso mala cara y dijo entre dientes—: Hoy he venido porque tengo asuntos que discutir con usted.
—Entonces hable.
Lourdes volvió a acomodarse y levantó la mirada con indiferencia:
—Estoy ocupada, así que le pido que sea rápido, Sr. Mendoza.
***
En la sala VIP.
Lourdes y Hernán se sentaron frente a frente, manteniendo una apariencia cordial pero con cuchillos en la mirada.
—Escuché que la Srta. Yáñez tiene el ojo puesto en el Predio del Sector 5 en las afueras de la ciudad.
El tema de Hernán finalmente llegó al punto principal.
—¿Y qué con eso?
Lourdes levantó levemente la mirada, y su expresión se tornó seria.
El orfanato fue demolido hacía muchos años y en su lugar construyeron enormes edificios.
Durante todos estos años, ella había estado buscando el terreno ideal con la esperanza de reconstruir aquel orfanato.
La ubicación del Predio del Sector 5 era excelente, rodeado de montañas y ríos, con un paisaje magnífico.
Sin embargo, el terreno estaba en manos del gobierno de Bravaria y no había sido puesto en venta.
Hace poco se enteró de que iban a abrir una licitación.
—Qué casualidad, a mí también me interesa ese terreno.
Hernán esbozó una media sonrisa y dijo con tono presumido:
—Tengo planeado comprarlo para construir un crematorio. ¿Qué le parece, Srta. Yáñez?
¿Un crematorio?
Al escuchar esa palabra, los dedos de Lourdes se tensaron de inmediato y su mirada se llenó de un odio gélido.
El orfanato se había incendiado en el pasado, cobrándose incontables vidas inocentes.
Que dijera eso, dejaba en claro que lo hacía a propósito.
«...»
—Ja.
El rostro de Hernán se veía terrible, soltó una carcajada fría y sentenció:
—Ese terreno será mío sí o sí. Ya la veré cuando lo convierta en un crematorio.
Tras dejar caer su amenaza, Hernán dio media vuelta y salió furioso.
—Sr. Mendoza, ¿ya no quiere su vino que vale una fortuna?
Al ver su espalda, Lourdes soltó una risa fría:
—Si no lo quiere, se lo daré a los perros.
«...»
Otro ataque de furia se apoderó de él; su rostro se tornó pálido de la ira y aceleró el paso.
—Pfft...
Al ver la figura derrotada de Hernán, el gerente entró sonriendo a la sala de recepción:
—Srta. Yáñez, ¿qué pasó? ¿Por qué el Sr. Mendoza se veía tan furioso?
—Él mismo se lo buscó —Lourdes sonrió con frialdad y le ordenó al gerente—: Ve a investigar qué pasa con el Predio del Sector 5. Hay mucha gente interesada en ese terreno, ¡¿cómo es posible que se lo vayan a dar a Hernán?!
—Enseguida.
El gerente asintió y preguntó:
—Srta. Yáñez, ¿debo informarle a Don Eu?

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