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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1985

Estaba parada en la puerta, con una figura delgada y el rostro pálido.

Las personas a su alrededor cuchicheaban, clavándole miradas cargadas de desprecio.

—Mandatario, afuera se rumorea que usted y la señorita Yáñez mantienen una relación inapropiada. —Zenón giró a ver a Darío y preguntó con mucha cautela—: La situación se ha vuelto muy compleja. Por el bien de su reputación, ¿qué le parece si cancelamos la conferencia de hoy? Yo enviaré a alguien para que recoja a la señorita Yáñez.

Si el Mandatario se presentaba, ¿cómo enfrentaría a Lourdes?

Si su relación salía a la luz, significaría que el pasado en el que el Mandatario había sido el "perrito faldero" de la señorita Yáñez también quedaría al descubierto.

Esto sería un golpe mortal para él. El joven amo Camilo seguramente se despertaría riendo de felicidad.

La mejor solución era no aparecer y que resolvieran el asunto de la identidad en privado.

Incluso si la señorita Yáñez se enojaba y quería abofetearlo, al menos nadie lo vería.

Darío torció los labios y dejó escapar una carcajada fría.

—¿Huir cobardemente y dejarla a ella y a mi hijo soportando el desprecio de todos? ¿Qué clase de hombre sería entonces?

«...»

Zenón apretó los labios. A sus ojos, esa era la opción más sensata para ambos.

—Sigue hacia el centro de convenciones. —Darío cerró la laptop y su voz no admitió réplica—: Lourdi me necesita.

—Sí, Mandatario.

Sabiendo que el Mandatario estaba dispuesto a arriesgarlo todo ese día, Zenón no se atrevió a cuestionarlo más.

***

Poco después.

El auto llegó a la entrada del centro de convenciones, donde periodistas previamente organizados ya estaban esperando para transmitir en vivo.

Antes de que pudieran acercarse, escucharon la voz de Darío:

—Si no le temen a la muerte, acérquense.

«...»

Los periodistas, que ya tenían preparadas sus preguntas, se quedaron congelados del susto.

El Mandatario siempre cumplía su palabra; si decía que los mataría, lo haría.

Aunque el joven amo Camilo les había prometido grandes beneficios, la vida era más importante.

Solo se atrevieron a levantar sus cámaras para grabar desde muy lejos, sin atreverse a decir ni una palabra.

Darío los ignoró y caminó rápidamente hacia la sala.

***

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