«...»
Al escuchar aquella voz, Lourdes también giró la mirada hacia la entrada.
Vio a un hombre con un traje carísimo, de postura recta y emanando una abrumadora aura de autoridad.
Subiendo la mirada, pasando la mascarilla, se topó con unos ojos negros profundos, insondables como un abismo.
En ese instante, una sensación de familiaridad extrema la golpeó con fuerza.
Esa postura...
Esa voz...
Esos ojos...
Sin darse cuenta, se fusionaron con la imagen de alguien en su mente.
Lázaro Alzamora.
Darío Alzamora.
Lourdes no dejaba de mirar al «Mandatario» sin pestañear, mientras una idea aterradora tomaba forma en su cabeza.
Darío.
Lázaro.
Ambos se apellidan Alzamora.
¿Coincidencia, o...?
Darío Alzamora era Lázaro Alzamora, el mismísimo Mandatario de Bravaria.
Su casino evadiendo tantas trabas secretas, su facilidad para ver al Mandatario, el obtener sin problemas el Predio del Sector 5...
«Ja.»
¡Debió haberse dado cuenta! ¡Debió haberlo sabido mucho antes!
«...»
Los oídos de Lourdes zumbaban y su mente se quedó en blanco.
Todos los presentes intercambiaban miradas entre ella y el Mandatario, con rostros llenos de asombro.
—El Mandatario dijo que él es el padre. Pero Lourdes dice que el padre es Darío Alzamora. ¡¿Quién dice la verdad?!
—¡¿Qué tan fácil es Lourdes?! ¡Ni siquiera sabe quién es el papá de su bebé!
—El Mandatario puede tener a la mujer que quiera, ¿cómo es que se fijó en ella?
—Que el líder de toda Bravaria esté metido en un escándalo así...
—¿Dónde está Darío Alzamora? ¡Que alguien lo llame!

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