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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2044

Nuevo hogarMás que una niña: La rebelde y su protector ya está en NarraverseSigue leyendo en nuestro nuevo sitio: un lector más limpio, páginas más rápidas y los capítulos más recientes.Leer en Narraverse

En la residencia Alzamora.

Lourdes acababa de comer y estaba medio adormilada cuando alguien la despertó de pronto.

Al ver el rostro de Darío frente a ella, soltó un grito de sorpresa:

—Apenas son las tres de la tarde. ¿Por qué estás en casa?

—Empaca tus cosas. ¿Qué te parece si volvemos a la capital por un tiempo?

—¿Volver tan de repente?

A Lourdes se le quitó el sueño por completo y se sentó en la cama, mirándolo fijamente.

—Camilo ha desaparecido y temo que busque una oportunidad para atacarte.

Darío le acarició el cabello suavemente y le explicó con paciencia: —Su caso será un dolor de cabeza, y me temo que estaré demasiado ocupado como para protegerte las veinticuatro horas.

—¿Esto será suficiente para arruinarlo por completo? —preguntó Lourdes con el ceño fruncido.

Ese desgraciado de Camilo había intentado matar a Darío en más de una ocasión. Era un milagro que Dios no se lo hubiera llevado aún.

—Haré todo lo que esté en mis manos —respondió Darío tras pensar un momento.

Después de todo, Don Octavio todavía estaba detrás de Camilo e intentaría cualquier cosa para exculpar a su hijo.

Sería una guerra de desgaste.

—¿O sea que ni con todo esto podrás destruirlo? —Lourdes lo abrazó por la cintura y murmuró apoyada en su pecho—: Hierba mala nunca muere, cuánta razón tiene ese dicho.

Quedaba claro que sus delitos no eran lo suficientemente graves.

—Está bien —accedió Lourdes con voz suave—. Tienes demasiado trabajo en Bravaria, puedo regresar yo sola.

—Te llevaré hasta el avión —Darío no puso objeciones, luego avisaría a la familia Espinosa para que la recogieran en el aeropuerto de la capital.

Mientras ella estuviera a salvo, nadie podría tocar su única debilidad.

Una vez que resolviera el problema de Camilo, iría a buscarla en persona.

Después de empacar un par de cosas, Darío la condujo al aeropuerto y se quedó ahí hasta que el avión despegó.

Solo cuando la aeronave se perdió en el cielo, sintió que podía respirar tranquilo.

Retiró la vista de las nubes y su rostro volvió a adoptar una expresión implacable.

—¡De regreso a la Sede Central! ¡Ordenen un despliegue masivo! ¡Debemos encontrar a Camilo antes de que acabe la semana!

***

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