Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2061

—La señorita Gilda solo está cumpliendo con su trabajo —dijo Rogelio con una sonrisa de resignación, negando con la cabeza para consolarlo—. Si interrumpes su rutina, es normal que se moleste.

«No olvides la vez que tú te equivocaste y ella casi te saca a patadas», pensó él.

—No es lo mismo. —Héctor agachó la cabeza, totalmente abatido.

—Debe haber un malentendido. —Aldana parpadeó un par de veces y añadió en voz baja—: El carácter de Gilda puede ser un poco explosivo, pero te ama muchísimo.

Héctor apretó los labios y se quedó en silencio. Por supuesto que sabía que lo amaba, lo que le atormentaba era si lo amaba lo suficiente.

Llevaban poco tiempo casados, ¿y ya le perdía la paciencia?

En unos años más, capaz que hasta le pedía el divorcio.

Por lo tanto.

Antes de que esas tragedias sucedieran, él tenía que dejar clara su postura.

Así es.

Él, Héctor Lucero, también tenía su carácter.

—Primero vamos a cenar —dijo Rogelio, sin ganas de seguir con el drama al ver que su hermano estaba tan terco, y tomó la mano de Aldana.

—De acuerdo.

Aldana se levantó tras él, pero antes de irse se giró hacia Héctor.

—¿Tú vas a cenar?

—¡Sí!

Héctor asintió. Se había fugado de casa y no había comido nada en todo el día.

Se moría de hambre.

Una vez en la mesa, Héctor se comió tres platos enteros.

Aldana se quedó sin palabras.

«Vaya —pensó—, no debe estar tan triste si come de esa manera».

***

Después de cenar.

Héctor regresó a la sala. Jugó un rato videojuegos, platicó con Eva y luego se puso a darle de comer a las tortuguitas.

—No les des cualquier cosa —le advirtió Rogelio, arrebatándole la comida de mascotas con el ceño fruncido—. Aldana cuida a estas tortuguitas como si fueran oro.

—¿A estas tortuguitas tan comunes? —Héctor torció la boca—. Si tanto le gustan a mi cuñada, yo puedo comprarle muchas más.

—¿Crees que es lo mismo? —Rogelio soltó un resoplido y sonrió con superioridad—. Estas se las regalé yo.

Héctor se atragantó con sus propias palabras. Tardó un buen rato en recuperar la voz.

—Hermano, ¿acaso me estás presumiendo tu amor en la cara?

—¿Mmm? —Rogelio arqueó una ceja, esbozando una sonrisa perezosa—. No es a escondidas, lo estoy presumiendo a los cuatro vientos.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector