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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2064

El precio de pedirle ayuda a Rogelio Lucero resultó ser demasiado alto.

Aldana fue llevada al límite y logró dormirse hasta las tres de la madrugada. A las siete tuvo que arrastrarse fuera de la cama para ir a la universidad.

—Vaya, qué ojeras de mapache tan adorables —se burló Rogelio, sentado en el borde de la cama, viendo a Aldana luchar por mantener los ojos abiertos.

—¡Vuelve a reírte y verás!

Aldana agarró una almohada, se la lanzó y lo fulminó con la mirada.

—Ya, ya, no me río. —Rogelio borró la sonrisa, la envolvió entre sus brazos con ternura y frotó su mejilla contra la de ella—. Te llevo cargando a lavarte los dientes, ¿sí?

Todo era culpa de ese evento académico; ella estaría fuera tres días.

Pensar en no verla durante tanto tiempo hizo que perdiera el control la noche anterior.

—¿Qué hay de desayuno? —murmuró Aldana, medio dormida, mientras dejaba que él la llevara en brazos al baño.

—Unos sándwiches calientes. —Rogelio le puso la pasta al cepillo de dientes.

La abrazó por la espalda, llamándola «bebé» una y otra vez.

Aldana recordó al instante la locura de la noche anterior.

Fue justo ahí, en el baño, en esa misma posición, donde él, completamente entregado, le decía «bebé» al oído.

—Cállate.

Aldana sintió que el rostro le ardía. Se lavó los dientes rápido y se enjuagó la cara con agua fresca.

Lo empujó, se vistió y bajó las escaleras.

—Buenos días, señora —la saludó Eva con una sonrisa. El desayuno ya estaba servido.

Rogelio venía justo detrás de ella, caminando con pereza y cargando la mochila de Aldana.

Él sí se veía fresco, lleno de energía y de excelente humor.

—Buenos días, señor.

—Puede retirarse, Eva, yo me encargo aquí. —Rogelio le acomodó la silla a Aldana y sopló su comida para que no se quemara—. Ya te armé la maleta y la dejé lista en el auto.

—Mmm. —Aldana masticó su sándwich, lo miró de reojo y no dijo más.

—El clima en la Ciudad de los Arcos no está muy bueno últimamente, no vayas a usar ropa muy ligera para lucir bonita.

—Tsk.

Aldana no le discutió directamente, pero jaló el cuello de su blusa con fastidio.

En su clavícula se asomaban dos pequeñas marcas rojas, apenas visibles.

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