Qué molesto.
—Ya, ya, lárgate. —Aldana lo empujó y caminó a paso firme hacia el interior del campus.
—Me retiro, señor Lucero. —El Decano Plácido, que había sido testigo de la escena, meneó la cabeza con un suspiro.
Ay.
Después de casarse, el estatus del señor Lucero estaba por los suelos.
***
Para este evento de intercambio académico.
El departamento de computación de la Universidad de la capital, liderado por el Decano Plácido, enviaba a seis representantes.
Dos estudiantes de doctorado, dos de maestría, y una alumna de segundo año de licenciatura: «la estrella del show», Aldana Carrillo.
—Ni siquiera tendrás que abrir la boca. Solo con pararte ahí, le darás más prestigio a la universidad que decenas de proyectos de investigación juntos.
El Decano Plácido guiaba a Aldana hacia la salida, emocionado a más no poder.
—Esta vez asistirán representantes de muchas universidades extranjeras. Mostrar tu rostro será un orgullo para nuestra nación.
—Tsk.
Aldana bufó y soltó con ironía:
—Si quieres, mejor impríme mi cara y cuélgala en la puerta de la universidad.
—¿De verdad se puede? —preguntó el Decano estirando el cuello, luciendo como si realmente lo estuviera considerando.
Aldana no supo qué contestar.
—Ah, por cierto, tenemos otro asunto que atender en este viaje —dijo el Decano, adoptando un tono más serio—. Hay un joven profesor del país Fendael que volvió para buscar empleo. Muchas universidades se lo están peleando.
—Es un genio de la computación, igual que tú.
—La idea de la directiva es que sería increíble si logramos convencerlo de unirse a nuestra facultad.
—Y me enteré de que te admira muchísimo.
Aldana se detuvo en seco y lo miró con enfado.
—Así que ese era el verdadero propósito de traerme, ¿no?
No solo querían exhibirla, también querían usarla de reclutadora.
—Jeje —rio el Decano nervioso.
***
Apenas llegaron a la entrada.
Varios de los compañeros mayores levantaron las manos, agitándolas con entusiasmo.
—Míralos, hace tanto tiempo que no ven a su profesor que están emocionadísimos.
El Decano Plácido negó con la cabeza, esbozando una sonrisa de orgullo y se preparó para hablar:
—Muchachos...
Los cuatro pasaron de largo ignorándolo por completo, se dirigieron directo hacia Aldana y la rodearon.

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