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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2142

A las diez de la noche.

Ambos salieron del centro comercial. Salvo el helado, Aldana se había dado el gusto de comer todo lo que quería.

La excusa que Rogelio había dado para negarle el helado fue descaradamente seria:

—Llamé para preguntar, y nuestro bebé dijo que ya no tenía ganas de helado.

Aldana se quedó sin palabras. No había forma de refutar semejante argumento.

—Hace demasiado frío, le compraremos uno cuando crezca un poco más.

Rogelio, sin dejar en evidencia sus intenciones, le acarició el largo cabello y la engatusó con ternura:

—¿Quieres unos camotes asados?

—¡Sí!

Aldana se dejó convencer al instante y le ofreció la mano.

Recordaba muy bien que, hace mucho tiempo, Rogelio también la había comprado con unos camotes asados.

—Los compramos y nos vamos a casa.

Como estaban cerca, Rogelio no sacó el auto y prefirió llevarla caminando a paso lento.

—Mhm. —Aldana asintió. Aunque la temperatura era baja, estaba tan abrigada como un oso, por lo que no sentía ni una pizca de frío.

El único problema era que llevaba tanta ropa que le costaba caminar.

Al darse cuenta, Rogelio se detuvo, se inclinó y la levantó en brazos.

¡Sorpresa!

Aldana se asustó un poco y se apresuró a rodearle el cuello con los brazos:

—¿No estoy muy pesada?

No había engordado mucho durante el embarazo, pero la habían cuidado tan bien durante la cuarentena que estaba un poquito más rellenita.

Y con tantas capas de ropa encima, su peso definitivamente había aumentado.

—Para nada —respondió Rogelio acomodándola entre sus brazos—. El suelo resbala, agárrate fuerte.

—De acuerdo.

Aldana se acurrucó obedientemente en su pecho. Los zapatos del hombre crujían al pisar la nieve.

Ambos charlaron de cosas triviales y no tardaron en llegar al puesto de comida.

—Señor, hace años que no nos veíamos. —El vendedor reconoció a Rogelio de inmediato.

—¿Todavía me recuerda? —Rogelio bajó a Aldana con cuidado, pero sin soltar su mano, genuinamente sorprendido.

—Por supuesto.

El hombre, mientras empacaba los camotes asados, respondió con una sonrisa:

—Recuerdo cuando vino a comprar; no estaban listos, así que se quedó esperando una hora entera bajo la nieve.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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