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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 2143

Lo despachó con desgano:

—Ah, tu papá también llegó.

Rogelio guardó silencio.

—¿Se portó bien? —preguntó Aldana, quitándose el abrigo y la bufanda antes de acercarse a Brunilda.

Se inclinó para mirar al pequeño, que llevaba un trajecito azul y chupaba su biberón haciendo ruiditos.

—Es un ángel —afirmó Brunilda con una sonrisa—. Jamás había visto a un bebé tan tranquilo. Llora cuando tiene hambre, duerme cuando come y no da ni un solo problema.

—¿Tan juicioso?

Aldana alzó una ceja, tomó el dedito del bebé y lo movió suavemente:

—Parece que salió bastante a mí.

—Eh...

La sonrisa de Brunilda se congeló y por poco pierde la compostura.

Durante las últimas semanas, los padres de Aldana habían ido a la mansión a visitar al bebé a menudo.

Siempre terminaban charlando y recordando las anécdotas de infancia de sus respectivos hijos.

Cuando Rogelio nació, lloró un par de veces y luego se quedó en silencio absoluto.

El médico se asustó tanto que le dio palmadas en la planta de los pies hasta que el niño rompió a llorar de nuevo.

Más tarde descubrieron el porqué:

Ese niño, por naturaleza, no era de llorar ni de sonreír.

Creció sin mostrar grandes cambios de expresión en su rostro. Parecía un viejito en el cuerpo de un niño.

Aunque eso tenía sus ventajas: siempre fue muy obediente y jamás les dio dolores de cabeza a sus padres.

Sania Verano los escuchaba con envidia y no tardaba en quejarse de su propia hija, Aldana.

Contaba que al nacer parecía un megáfono; lloró ininterrumpidamente durante dos horas.

Cornelio Espinosa tuvo que pasearla en brazos una eternidad hasta calmarla.

De niña tenía un carácter fuerte y era increíblemente rebelde.

A menudo sacaba de quicio a sus hermanos, al punto de quitarles el apetito.

Incluso Wilfredo Zavala la había señalado una vez, indignado, diciendo: «¡Revisen bien, porque no sé si de verdad tuvimos una hermanita o un pequeño demonio!»

Por eso, desde que el niño nació, todos sentían curiosidad por saber a quién se parecería en carácter.

Viendo lo visto, era una réplica de su padre.

—Jaja, sí —admitió Brunilda sin atreverse a romperle la ilusión, riendo con suavidad—. Heredó todas las virtudes de su mamá, ¿a que sí?

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