La empleada las miró y preguntó:
—Disculpen, ¿alguna de ustedes es la segunda señorita de la familia Valdés? Nuestra joven señorita la solicita.
—¿La joven señorita? —Úrsula y Yara se miraron confundidas.
La mujer, con una expresión muy amable, asintió:
—Sí.
Úrsula se puso de pie:
—Soy yo. Disculpe, ¿puedo saber quién es exactamente esta joven señorita?
La empleada respondió con respeto:
—Es la señorita Valeria Montero. Me pidió que la buscara hace un momento.
Valeria era la hija menor de los Montero.
Úrsula no la conocía de nada. Miró a la empleada y preguntó:
—¿Pasó algo? Yo no la conozco.
La mujer fue sincera:
—Se trata de la tercera señorita Valdés. Al parecer, tuvo una discusión con alguien y la señorita Valeria me mandó a buscarla a usted.
Por la edad, era lógico que Valeria y Noemí anduvieran juntas.
Para los demás, ambas eran miembros de la familia Valdés, y si Noemí se metía en problemas, era responsabilidad de Úrsula, su hermana mayor, dar la cara por ella.
Al escuchar esto, Úrsula se giró hacia Yara:
—Yarita, espérame aquí, voy a ver qué pasa y vuelvo enseguida.
Yara entendía que, en un evento público, Úrsula no podía simplemente desentenderse de Noemí, así que asintió:
—Ve. Yo me quedo aquí esperando al director Hernández.
—De acuerdo.
Úrsula siguió a la empleada por toda la propiedad. A lo largo del camino, se cruzaron con algunos invitados que caminaban en pequeños grupos.
La empleada guio a Úrsula hasta un espejo de agua ubicado frente al salón principal del patio delantero.
Las luces del salón se reflejaban débilmente sobre la superficie, creando destellos constantes. Las plantas enormes y de hojas colgantes que rodeaban el agua formaban una especie de refugio apartado.
La empleada anunció:
—Hemos llegado.
Noemí se puso de pie, sosteniendo su copa, y se acercó a Úrsula:
—Seguramente recuerdas que en el cumpleaños de Lucía, papá le pidió a mi cuñado un terreno, ¿verdad?
Úrsula respondió:
—Sí, lo sé. ¿Y qué con eso?
Noemí soltó una carcajada irónica:
—Mi cuñado ha estado de viaje mucho tiempo y, según me contó Valeria, regresó a Nueva Alborada esta misma noche. Apenas llegó y se vino directo a la fiesta de los Montero. Curiosamente, hoy es el día en que presentan a Sara ante toda la sociedad. Y tú, que supuestamente eres su esposa, ¿sabías que iba a venir?
Úrsula la miró fijamente sin inmutarse:
—¿Qué importa si lo sabía o no?
—Está bien, te sigo contando —Noemí tomó un pequeño sorbo de su bebida—: Ese terreno no representaba la gran cosa para tu marido. Papá se encargó de investigarlo a fondo antes de pedir el favor, pero él no quiso dárselo. ¿Te imaginas quién lo tiene ahora?
Úrsula la observaba sin revelar la más mínima emoción:
—Termina de hablar de una vez.
Noemí se rio con malicia:
—Se lo dio a Sara Montero. Valeria me dijo que su queridísima hermana y tu marido crecieron juntos en el mismo pueblucho.

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