A fin de cuentas, se conocían desde hace años.
Lucio no insistió más en el tema.
Se dio la vuelta, abrió la puerta del auto y subió.
El chofer arrancó enseguida y salieron de la mansión Montero, en dirección al centro de la ciudad.
Los árboles a los lados del camino pasaban a toda velocidad.
El auto se desplazaba con suavidad sobre el asfalto.
Úrsula bajó un poco la ventanilla para que entrara aire fresco. La brisa jugó con los mechones de cabello que caían sobre su rostro.
—No voy a estar en Nueva Alborada estos días. ¿La gente de la casa principal te ha vuelto a molestar? —preguntó Lucio.
Al escucharlo, Úrsula negó con la cabeza.
—No.
Lucio la observó en silencio.
Hoy estaba recargada contra la ventana, como si quisiera mantener cierta distancia con él.
A Lucio no le importaba lo que ella estuviera pensando y no dijo nada más.
Al poco rato, Úrsula tomó la iniciativa y le preguntó:
—¿Y Noemí? ¿Qué le pasó al final?
Casi se olvidaba de su 'querida hermanita'.
Lucio tampoco le había prestado atención.
Tomó su celular, tecleó rápidamente y le preguntó a Tomás.
Tomás respondió casi al instante.
Lucio le mostró la pantalla a Úrsula para que lo leyera.
—Tragó agua, pero no es nada grave. La familia Valdés se la llevó, ahora está en el hospital.
Úrsula bajó la mirada y volvió a girarse hacia la ventana, respondiendo con un simple:
—Mjm, ya veo.
Lucio dejó el celular a un lado, apoyó el brazo en el reposabrazos, tamborileando los dedos, y comentó de forma casual:
—Recuerdo que tienes una presentación pronto, ¿no?
Había escuchado a alguien mencionarlo el día que fueron a la casa de la familia Valdés.
No le había prestado mucha atención, pero por alguna razón se acordó de repente.
Úrsula asintió y respondió en voz baja:
Él pensó que Úrsula haría lo mismo.
Sin embargo, la chica a su lado se quedó en silencio por un segundo.
Sus largas pestañas parpadearon lentamente, proyectando una pequeña sombra sobre sus mejillas.
No respondió de inmediato.
Después de un largo rato.
Úrsula habló con suavidad.
—No. Los negocios de la familia Valdés son de mi hermana mayor. Yo no puedo involucrarme en eso.
Para evitar peleas por la herencia, Wilfredo Valdés había dejado claro desde hace mucho tiempo que la familia quedaría en manos de Natalia.
Ella era su heredera elegida.
Cuando Úrsula alcanzó la mayoría de edad, quiso entrar como practicante en la empresa, igual que su hermana, pero Wilfredo la llamó a su despacho y la regañó severamente.
Natalia tenía el poder y Noemí tenía el cariño.
Úrsula, en cambio, nacida en los años en que el matrimonio de sus padres iba en picada, era la pieza perfecta para ser utilizada como moneda de cambio para cobrar el favor que el abuelo Valdés le había hecho al abuelo Silva.
Ese era el destino que Wilfredo Valdés había planeado para ella desde el principio.

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