Úrsula se arregló rápidamente y bajó con su maleta para entregar la habitación en recepción.
Como ese hotel quedaba un poco lejos, la noche anterior habían acordado cambiarse a uno más céntrico al terminar la presentación.
Durante el día, Úrsula y las demás chicas de la compañía pasearon por toda la ciudad, fueron a la playa, tomaron el ferry y disfrutaron de un buen plato de mariscos, caminando tanto que les dolían las piernas.
No fue sino hasta la noche que recibió un mensaje de Lucio.
Lucio: [¿Ya regresaste a Nueva Alborada?]
Úrsula: [No.]
Lucio: [En recepción me dijeron que ya entregaste la habitación.]
Úrsula, que en ese momento estaba recostada en la enorme cama de su nuevo hotel, se quedó mirando la pantalla unos instantes: [¿Volviste al mismo hotel?]
Lucio frunció el ceño y prefirió llamarla directamente.
Úrsula contestó:
—Hola.
A través de la bocina, se escuchó la voz del hombre, mezclada con el tenue sonido del tráfico de fondo:
—¿Creíste que ya me había ido?
Úrsula respondió:
—No sabía que regresarías en la noche.
Lucio soltó una risa irónica:
—Te dejé una nota sobre la mesa de noche.
Úrsula apretó los labios:
—Lo siento, no la vi.
Cuando él regresó al hotel y tocó el timbre, esperaba que fuera ella quien le abriera la puerta, pero en su lugar, le contestó un tipo enorme y con barba, preguntándole a quién buscaba.
Eso casi lo saca de quicio.
Úrsula le explicó:
—Es que ese hotel quedaba muy lejos. Como mis amigas y yo nos vamos a quedar unos días más en Puerto Brisa, preferimos buscar algo con mejor ubicación.
Lucio preguntó:
—¿Cuántos días?
Úrsula respondió:
—Unos dos o tres, más o menos.
El hombre al otro lado de la línea hizo un sonido afirmativo.
Úrsula hizo una pausa, y con amabilidad y en voz baja, le preguntó:
—Si necesitas hospedarte, ¿quieres que te mande la ubicación del nuevo hotel?
No hubo respuesta inmediata.
Tras un largo rato.
Úrsula escuchó a Lucio decir:

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