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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 159

Dudó si debía avisarle a Lucio, pero al verlo con los ojos cerrados, decidió no molestar.

Si Lucio no daba la orden de avanzar, Tomás no haría preguntas.

Momentos después, vio cómo un taxi se acercaba por la otra calle y se detenía frente al centro de arte. Del vehículo bajaron un hombre y una mujer.

A ella la reconoció de inmediato, recordaba vagamente que era la mejor amiga de Úrsula; en cuanto al hombre, vestía muy llamativo y no tenía idea de quién era.

Los tres se quedaron parados en la entrada, platicando.

Sus risas viajaron largas distancias a través del vacío y silencioso aire nocturno. Como las ventanas del Bentley estaban bajas, Lucio abrió los ojos y dirigió la mirada hacia allá.

Al escuchar las carcajadas, Tomás también observó con curiosidad.

Y al hacerlo, la sorpresa lo golpeó.

En la entrada principal del centro de arte, aquel joven desconocido y llamativo se levantó la camisa frente a Úrsula y su amiga. Estaban muy lejos como para escuchar de qué hablaban, pero las acciones eran bastante claras.

Tomás vio cómo la amiga de Úrsula, sin ninguna vergüenza, extendió la mano y le tocó directamente el abdomen. Segundos después, la misma Úrsula también estiró el dedo y le dio un toquecito en los cuadritos.

Tras eso, los tres continuaron platicando y riendo en la entrada.

Esa escena, la viera quien la viera, se prestaba para malentendidos.

Tomás apartó la vista, sintiéndose muy incómodo.

A lo lejos, parecía un asunto que involucraba a su jefe, pero al mismo tiempo, tampoco era para tanto.

Después de todo, era solo un matrimonio por conveniencia.

Tomás echó una ojeada al espejo retrovisor y soltó una carcajada nerviosa:

—Siempre veo a las niñas ricas de Nueva Alborada entreteniéndose con chicos guapos en el Palacio del Ocaso, y otras hasta les pagan todo a sus amantes. Veo que la señorita Valdés tampoco es la excepción, jajajajaja... ja, ja...

Su risa se fue apagando poco a poco hasta desaparecer.

El interior del auto, sin que se diera cuenta, se sumió en un silencio mortal.

No fue hasta que Úrsula salió en su Porsche plata, llevándose a Yara y a Wilson, perdiéndose por la otra calle.

Tomás finalmente apartó la mirada del edificio.

Decidió romper aquel espeso silencio y soltó una pregunta tentativa:

—Lucho, ¿no me digas que de verdad te molesta que la señorita Valdés se divierta por ahí?

Hacía mucho tiempo, mientras jugaban, le preguntaron a Lucio que si alguna vez tenía la oportunidad de casarse y formar una familia, ¿qué buscaría en su pareja?

Capítulo 159 1

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