Perdió el apetito por completo.
Úrsula no sabía si era por la acción en sí misma, o por la persona que lo estaba haciendo en ese momento, lo que le impedía procesarlo y aceptarlo.
Aunque se habían separado hacía años y cada uno había formado su propia vida, en su memoria, su exnovio no era ese tipo de persona.
Desde joven, él había sido el modelo perfecto de excelencia académica y moral; respetuoso de las reglas, nunca rompía las normas y, a los ojos de los mayores, era el joven más sensato y educado.
En todos los sentidos, incluso como amigo, Dante parecía una excelente elección.
Llena de pánico, Úrsula escondió apresuradamente sus piernas bajo su propia silla para ganar distancia.
Bajo la mesa, pareció como si la pierna de él intentara seguirla un instante, pero ella se retrajo demasiado rápido y él no logró alcanzarla.
Dante observó a Úrsula con serenidad de reojo.
Ella no se atrevía siquiera a levantar la cabeza, temerosa de cruzarse de nuevo con su mirada.
Pensó: Seguro fue sin intención. Debió ser un accidente. ¿Cómo iba Dante a hacer algo así? Ya estoy casada, y ese día en el banquete me felicitó sinceramente.
Definitivamente fue un accidente.
Rápidamente se convenció de esta idea. Extendió la mano y se frotó disimuladamente la rodilla, mientras controlaba su respiración sin llamar la atención; su ritmo cardíaco comenzó a calmarse.
Afuera ya era noche cerrada y casi habían terminado de comer.
Después de levantarse de la mesa y de cruzar unas breves palabras, los dos hombres dieron por concluida su reunión de hoy.
—Agradezco su hospitalidad, señor Silva. Dejémoslo hasta aquí por hoy. Si hay alguna novedad, me pondré en contacto. Con permiso —dijo Dante.
Lucio le sonrió levemente.
—Vaya con cuidado. No lo acompaño a la puerta.
La figura de Dante abandonó el gran salón.
Úrsula, recargada junto a la isla de la cocina, soltó un profundo suspiro de alivio recién cuando los pasos del hombre se perdieron por completo.
Sostenía un vaso y le dio un par de tragos de agua helada, lo que logró ahogar un poco esa incómoda extrañeza que sentía en el pecho.
Al dejar el vaso, se dirigió hacia la salida.

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